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Cantar la vida

14/02/2026
 Actualizado a 14/02/2026
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La adolescencia es una bomba de relojería. Una de las etapas más fascinantes en el desarrollo físico y mental del ser humano, y a su vez, una cuerda floja, un talón de Aquiles, una granada en manos de un loco que, de ser mal dirigida, puede acabar por estallarnos en la boca.

El pasado lunes 9 de febrero, una joven menor de edad trató de quitarse la vida arrojándose al río Bernesga en León. Yo me enteré del fatal suceso por una compañera suya que me lo contó visiblemente impresionada. Nadie sabe por qué la chica, niña casi, había decidido terminar con su vida. Algunos dicen que se sentía desgraciada porque su novio la había dejado. Pudiera ser miembro de una familia desestructurada, tener problemas con las notas, quien sabe… Los adolescentes, a pesar de su aire desafiante y rebelde en muchos casos, son seres inmensamente frágiles, dominados por el poder del entorno y las hormonas. A los dieciséis cualquier contratiempo puede ser vivido como una tragedia sin fin. 

Afortunadamente esta chica fue vista por un viandante que se convirtió en su salvador al avisar a las autoridades. Agentes de seguridad lograron rescatarla in extremis en riesgo severo de ahogamiento. La trasladaron al hospital y está recuperándose de sus heridas.

Cabe preguntarse como sociedad qué estamos haciendo mal para que haya tantos intentos de suicidio a esta edad. Cuando más rosa, alegre y burbujeante debería ser la vida, más gris se vuelven sus caminos. 

Por lo que mi fuente me dijo, el centro al que acude la menor decidió suspender la salida al exterior en el recreo a toda la ESO. Sus compañeros, más que preocuparse por ella se sentían indignados porque a partir de ahora no podrían salir a la calle a fumar.

¿Nos importa lo suficiente la inteligencia emocional o nos hemos convertido en monstruos a los que solo les preocupan calificaciones y productividad? ¿No deberíamos centrarnos más en educar en empatía? Escucharlos es urgente.

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