Las horas posteriores a que hablasen las urnas me han dejado un tanto desconcertado. Conexión con una sede: euforia. Imágenes de otra: jolgorio. Rueda de prensa en la tercera: éxtasis. Pero... ¿aquí alguien ha perdido? Más allá de los que ni suman ni pueden, claro está.
Especialmente llamativa fue la jarana del PSOE en su cuartel soriano entre besos y lágrimas de emoción. «A ver si alguno de los presentes le echa valor y les dice que no tienen posibilidades de gobernar», pensaba yo, aunque quizá precisamente por eso celebraban. Al menos la campaña que perpetró en León el hombre sin rostro de dudosa dicción parecía ir en esa dirección, buscando ofender sistemáticamente a sus potenciales votantes. Menos mal para él que estas ofensas se perdieron en el Lazo del Manzanal. O que al otro lado no afectan. Pero eso de no gobernar tampoco parece preocuparle demasiado; se conforma con cantar bajo la lluvia abrazado a sus acólitos tras haber perdido ante el candidato madridista.
En la sede de Vox también había jaleo del bueno para amenizar la espera hasta que el amo de Madrid les quitara el bozal y permitiera incluso expresar un par de sílabas seguidas. Le pillaron el día generoso. «Doy las gracias a quien me ha acompañado en la campaña. Bueno, a quien yo he acompañado...», espetó el candidato, Santiago Abascal, que por fin dijo una verdad aunque fuera sin querer. Las tertulias nacionales hablaban de que el perfil manso de la marioneta fue positivo frente a la rebeldía de su antecesor. Como si más del 5% de los leoneses y de los castellanos supieran que ese señor que hacía de telonero por los pueblos era realmente el que se presentaba a gobernar.
En León, los cabecillas de UPL no disimularon la decepción por un resultado por debajo del esperado, aunque el golpe provocó confusión durante unas horas. Había que buscar culpables y se escaparon unos misiles hacia El Bierzo, donde la guerra interna dejó un solar estructural pese al que creció el apoyo de la ciudadanía. Ni mu de la debacle de San Andrés, donde gobiernan. Eso sí, al día siguiente enviaron una nota con el título «UPL logra el mejor resultado de su historia en unas elecciones autonómicas». La celebración llegaba en diferido, al más puro estilo de Rip Van Winkle en el cuento de Washington Irving.
Luego está Coalición por El Bierzo, que poco han dicho. No se les puede negar ser consecuentes con su campaña, pues nada se supo de ellos salvo cuando volvieron a pinchar el disco rayado del Grado de Medicina y pidieron la repatriación de la Cruz de Peñalba. Bueno, y cuando compartieron su encomienda a las divinidades para que cayera del cielo un procurador. Debió de fallarles la lectura de Reinhold Niebuhr, aquello de que «el optimismo debe ser moderado por el sentido de la realidad».
Al final, aquí todos se fueron a casa pensando que algo había cambiado, aunque nadie supiera muy bien qué.