Jorge Brugos

Los candidatos al Congreso, mejor que en otras circunscripciones

26/10/2026
 Actualizado a 26/10/2026
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Vengo de una tierra en la que los candidatos al Congreso de los Diputados no son, con frecuencia, más que los descartes de los descartes. En las provincias pequeñas, donde la normalidad es que nos conozcamos todos, apostar por el talento puro en las listas suele convertirse en una gymkhana de equilibrios orgánicos. Persiste el viejo prejuicio de que todo lo ajeno al kilómetro cero madrileño no pasa de ser un residuo que el ingenio ha desechado. Es mentira. Lo que ocurre es que exige una mirada más fina, un análisis reposado de los perfiles. Me recuerda al ejercicio de hurgar en una librería de viejo: se requiere paciencia, olfato y vocación para dar con los volúmenes que uno realmente desea conservar en la mesilla.

Las prisas electorales provocan que, como ha sucedido en no pocas circunscripciones, los elegidos no respondan al candidato ideal de los cuarteles generales, sino al que había. Se instaura así un criterio de fichajes –por llamarlo de algún modo– regido por una economía de urgencia y basada en designar al «que pasaba por ahí». Se habla hasta la saciedad de los bloques ideológicos, de esos ciudadanos que tienen el voto decidido antes incluso de que se convoquen las urnas. Son los forofos de la política, movidos por el calor del sentimiento antes que por el rigor de la razón. Por el contrario, se ignora olímpicamente a esos no tan extraños seres conocidos como «indecisos», precisamente los que deberían desvelar a los equipos de campaña, pues en sus manos descansa la llave que decanta la balanza.

En León, los partidos han movido ficha con piezas notables para estimular la movilización. Más allá de los peajes del propio aparato, Javier Cendón se afianza como un hombre bregado y con trayectoria, un oasis si se compara con demarcaciones donde algunas formaciones han aupado a cabezas de lista cuya experiencia previa al escaño apenas rozaba la precariedad laboral. En filas del Partido Popular, ya saben que Ester Muñoz no habita precisamente en mis simpatías políticas, aunque es de justicia reconocer que en los últimos tiempos ha afilado su discurso y aquilatado sus intervenciones. La verdadera sorpresa del PP, sin embargo, ha saltado con la incorporación de Ricardo Gavilanes, un tránsito natural hacia cotas mayores tras su paso por el parlamento autonómico. Su nombramiento es un acierto rotundo y responde a una anomalía saludable: rescatar un perfil que escasea de forma alarmante en la política contemporánea, el de alguien que sabe lo que es ganarse la vida fuera de calentar un escaño.

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