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Canciones de cuna

27/10/2026
 Actualizado a 27/10/2026
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Les hemos dormido con canciones de cuna y con muchos cuentos. A unos les cantamos ‘Duerme, negrito’ con el cansancio de quien trabaja de sol a sol y la esperanza de que algún día llegue la recompensa. Les enseñamos a esperar, y durante años, les repetimos la vieja fórmula: «estudiad, trabajad, que el futuro es vuestro». Pero en esa lección omitimos lo fundamental: no les contamos qué hacer cuando el salario no llega, cuando el alquiler se lleva más de medio sueldo o cuando marcharse de casa de los padres, que debería ser la decisión natural de emanciparse y no una proeza, se convierte en un exilio forzado.

Esa nana se apaga y los cuentos se desvanecen en cuanto asoma la realidad, fría e inquietante. Es entonces cuando descubren a jóvenes que, con o sin licenciatura, encadenan contratos precarios, comparten piso cuando soñaban con su propio hogar y van dejando para mañana los planes que tenían para hoy. Pasan los años esperando una oportunidad que les permita, simplemente, vivir. Son los llamados millennials, los que aprendieron a esperar.

Pero junto a ellos convive la generación cristal: los nacidos conectados a las pantallas, profundamente defraudados por unos dirigentes incapaces de dar respuestas y decididos a no aceptar con resignación lo que les ha tocado vivir. Ya no aguantan.

La lucha, la protesta y la rebeldía no entienden de etiquetas generacionales. Cuando se juntan la paciencia agotada de unos y la impaciencia de otros, nace algo que se parece mucho a un pueblo: la fuerza de la comunidad, un concejo unido por el derecho a defenderse y a exigir,que nos recuerda aquella vieja idea de Cicerón, Res Pública.

Son mozas y mozos cansados de escuchar a unos políticos que, desde sus tribunas, solo escupen insultos y descalificaciones, mientras ignoran el verdadero problema: el derecho a disfrutar de una vivienda digna y de unos salarios suficientes para construir un proyecto de vida.

Han despertado. Ya no quieren nanas ni relatos vacíos. No les dejemos solos frente al mundo: unidos, en facendera, nos irá mejor. Es la única forma de que nuestros guajes puedan vivir y trabajar en León sin verse emburriados a marcharse. El 11N es una gran oportunidad para empezar a cambiar las cosas, una llamada de atención a quienes nos gobiernan o aspiran a hacerlo. Que escuchen el clamor de las calles. Ya está bien de expulsar a la xente de su propia tierra mientras acceder a un techo es casi misión imposible.

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