Jorge Brugos

La camisa de fuerza de Sánchez y Mañueco

19/01/2026
 Actualizado a 19/01/2026
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En España el más tonto hace relojes. Hay tanto tonto que hay inflación de relojes y el tiempo se ha convertido en nuestro dueño y no en nuestro siervo. Estoy francamente preocupado por la degradación de la sociedad española. Hoy se convocan oficialmente las elecciones en Castilla y León y una vez más nuestros paisanos harán el ejercicio de discernir qué opción es la menos mala. El bajo nivel de nuestra clase política es inversamente proporcional al crecimiento exponencial de idiotas en la calle. 

Llevo tiempo dando vueltas a que si nos quejamos del personal que tenemos en las administraciones públicas, mejor no deberíamos mirar en el asiento de atrás cuando cogemos el bus. Los políticos que nos representan son mejores que la mayoría de la ciudadanía. Que sí, que muchos son unos ignorantes maleducados, pero es que tu vecino del séptimo es todavía peor. De el del quinto mejor ni hablamos; el río de tinta que escribo acabaría empapado por mis lágrimas. En las papeletas del próximo marzo encontraremos candidatos que en otro tiempo no habrían pasado de monaguillos en la liturgia partitocrática. El desplome moral e intelectual ha provocado que prosperen en los puestos de responsabilidad todos aquellos que no dan tanta vergüenza ajena. 

En el PSOE tenemos a un indocumentado que desconoce nuestro territorio y su historia. En Vox, aunque en el momento que estoy escribiendo estas líneas no sabemos quien va a ser el candidato, tenemos que lidiar con las ocurrencias de barra de bar de David Hierro. Los de las izquierdas periféricas se están todavía peleando entre ellos. UPL apuesta por un perfil con experiencia en gestión. El PP opta por el valor seguro de Alfonso Férnandez Mañueco, un hombre gris pero que no dice sandeces. 

Existen paralelismos entre Mañueco y Sánchez. Mientras la gente de su entorno no piensa lo que dice, ellos saben que el silencio es poder –me estoy acordando de Quiñones y su «tengo la mala costumbre de comer» cuando ocurrieron los incendios–. Es ese autocontrol con la camisa de fuerza del psiquiátrico en el que se ha convertido el arco político lo que hace que venzan a sus adversarios.

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