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Cambio de rumbo

03/05/2026
 Actualizado a 03/05/2026
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La UPL, por boca de su portavoz y líder, Alicia Gallego, pedía esta semana agilidad (y compromiso) para la configuración del (futuro) gobierno de Castilla y León. En absoluto le falta razón a la activa representante leonesista, si bien aún quedan unas manos para concluir la timba entre el Partido Popular y Vox. Una especie de mus –o de póquer- donde los envites hay que ponerles sobre la mesa con sentido común y no a lo loco. Que eso es de malos jugadores. Gallego, en fin, procuradora en el hemiciclo vallisoletano y, a la vez, alcaldesa de Santa María del Páramo, hacía muy bien en pedir prontitud (y hasta exigirla moderadamente), aun cuando las circunstancias -por aquello de los pactos para consolidar la gobernanza de la Autonomía- marcan los tiempos para todos y cada uno de los actores, aserción vulgarizada de Perogrullo, aunque siempre tan de moda y recurrente.

Y, claro, sí, está perfecto y hasta es meritorio, que los tres leonesistas electos para viajar a Pucela durante cuatro años –dos mujeres y un varón, regidor, además, de Cistierna- tengan ganas de ponerse a trabajar duro, de cantarle las cuarenta en oros y las veinte en copas al Ejecutivo que presidirá Alfonso Fernández Mañueco, porque es su tarea inexcusable. Y también la de aportar, que va en el sueldo. Sin embargo no solo de lo que ocurra en las Cortes de Valladolid vive la organización fundada por el entrañable José María Rodríguez de Francisco (con cariño ‘Pelines’), por mucho que les ‘ofenda’ a algunos. Otro ‘tajo’ muy importante lo tienen más cerca. Casi a tiro de honda. Un año en política es un suspiro y mayo de 2027 –pese a que parezca lo contrario- ya está en el horizonte. Las municipales, que se verificarán en ese tiempo de flores a María, van a ser de nuevo la prueba del algodón para la Unión del Pueblo Leonés. 

El espejo fue el resultado de las recientes elecciones autonómicas del pasado marzo, que no fueron todo lo halagüeñas que los leonesistas creían. Apostaban por un mejor resultado –y hasta parecía que podrían conseguirlo- y se quedaron con la miel en los labios. Fue un aviso. El mensaje, le pese a quien le pese, no acaba de cuajar, por muchas que sean las mociones que se aprueben en los ayuntamientos a favor de León solo. A la hora de la verdad -que es cuando se mete la papeleta en la urna- las inclinaciones de los votantes son otras. Y tanto fue así en este caso, que el PSOE les sacó 17.000 votos y el PP 16.500, más los ‘arañados’ por Vox, que logró sumar 38.000 ‘papelas’ al final del escrutinio. ¿Qué les está pasando? Esa es la gran pregunta, a la que deben hallar respuesta urgente los propios interesados. 

Dado el escenario, y como han hecho los socialistas, les toca madrugar. Tienen doce meses por delante para abandonar las trincheras y fundirse con la calle. Trillarlas, en expresión popular. Renunciar a posiciones perniciosas para el partido –su acuerdo en la Diputación les viene lastrando por mucho que lo nieguen- y, en definitiva, buscar el cuerpo a cuerpo con la gente. Esperar a última hora volvería a traer consecuencias. 

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