Alfonso Martínez color

Caiga quien caiga

21/05/2026
 Actualizado a 21/05/2026
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Ya no era sencillo hasta ahora defender a Zapatero en virtud de lo mucho que hizo por este nuestro terruño, aunque justo a continuación le pusieras de vuelta y media por dejar las arcas como un solar y poner la semilla de muchos problemas que ahora tienen difícil solución en esta nuestra maltrecha y vieja piel de toro.

Nadie es profeta en su tierra y menos aún en este nuestro terruño, pero fue mucho lo que hizo, sobre todo viendo lo poco que aportaron quienes le sucedieron con la excusa de la crisis económica, aunque al final acabó siendo bastante en comparación con la nada de los de ahora, que no han movido un dedo por esos proyectos que ideó y no llegó a materializar en León ese expresidente al que siguen venerando pese a que se cierna sobre él la sombra de la corrupción.

Lo veneran con la misma pasión de quienes le condenan sin juicio. Solo había que dar un paseo este martes por las redes sociales de los socialistas para ver que en realidad la culpa es del juez, no del presunto comisionista, pero el panorama es muy distinto si el paseo se da por el centro de la cuna de la democracia, donde lo más suave que le llaman es «pobre diablo» y lo más fuerte vale más no reproducirlo.

Así pues, menos sencillo será a partir de ahora recordar en este nuestro terruño que Zapatero puso los cimientos del importante sector tecnológico que tenemos gracias al Incibe, que puso en marcha la Ciuden, inició las obras del AVE y amplió la pista del aeropuerto además de construir una nueva terminal de viajeros. Todo ello sin olvidar la ampliación de los juzgados, el centro de alto rendimiento deportivo en León, el de tramitación de multas en el polígono industrial de Onzonilla y el de discapacidad en San Andrés del Rabanedo, que también estrenó comisaría.

Si nada de esto valía para que muchos de sus paisanos al menos le respetasen, imagínese ahora con la que se le viene encima en una sociedad donde no hay escala de grises, sino que todo es blanco o negro, rojo o azul. Soy de los que respeto la presunción de inocencia siempre, no de manera selectiva, como hacen los gestores de la cosa pública, pero sí creo que Zapatero es responsable precisamente de eso, de haber empezado a fomentar una polarización que ahora ha llegado al paroxismo y está muy lejos de tener remedio.

Ojalá una sociedad que supiera separar el artista de su obra y el político de su legado, que aplicara la misma vara de medir y no pensara que hay ladrones buenos y malos en función del color de la cartera en la que guarden el dinero, que respetara siempre las decisiones de los jueces o promoviera cambios en el sistema a través de grandes acuerdos políticos en caso de que no funcione bien y que luchara contra la corrupción caiga quien caiga y no sólo cuando afecta a la casa del vecino, porque sería la única forma de erradicarla.

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