Nacho Barrio

La caducidad cazurra

02/10/2026
 Actualizado a 02/10/2026
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Recordarán, y si no se lo recuerdo yo, que uno no es LTV y anda a ver si saca la oposición de cazurro al menos de adopción. Sigo con lo de comer morcilla y cecina con naturalidad y pido Prieto Picudo cuando toca alternar. 

El caso es que este verano una compañera descubrió que vengo de más allá de Valderas y le dio por preguntar aquello de, y a los cazurros, ¿cómo nos ves? Se sorprendió con la respuesta, no sé muy bien por qué. Apelé a lo de que sois hospitalarios, que normalmente sois majos y que, eso sí, si un cazurro dice arre ya pueden venir cien eclipses que seguirá siendo arre, aunque al final fuese so.

Le sorprendió y no asumió como propia una obstinación, un cazurrismo, que viví desde las primeras semanas aquí. En aquella ocasión no le pude poner ejemplos palmarios que conociéramos ambos y me dio cierta rabia, para qué mentirle. Hubiera encajado a la perfección lo de los pendones del otro día, por mucho que al final hubiera acuerdo, aunque sea de medio lao.

Tampoco le comenté algo que he descubierto tras la observación empírica, como es la caducidad cazurra. Me explico. Algo que surge y que está bien tiene los días contados. Me meto en el saco esta vez. Primero despreciamos una cosa porque ya no es como antes; después, cuando desaparece, resulta que aquello era exactamente «lo de antes» que había que conservar. Queramos o no, el tiempo se impondrá y aquello que convencía tendrá el matiz necesario, el detalle intrascendente para poder decir que ya no es lo que era, aunque lleve un año de vida. Si no me creen, fíjense en eventos que nacieron no hace tanto. Si ocupan el césped, si no se han renovado lo suficiente, si fui un día y hacía viento... En ese momento empezará a vencer la caducidad cazurra, que anunciará un cese que dará paso a una nostalgia que, como todas las buenas nostalgias, tienen más de azúcar que de recuerdo.

Porque antes en San Juan y San Pedro había cabalgatas y ponían luces por las calles y las atracciones estaban en Papalaguinda, como algunos conciertos. En Navidad llegaba la locomotora Mikado con los Reyes Magos, la miel del Coto Escolar estaba más rica antes y Francisquín te saludaba con una mano porque la otra la tenía ocupada. 

El caso es que el cazurro protesta cuando algo nace, sale bien y lo repiten una segunda vez; protesta cuando cambia por la razón que sea y, cuando se lo quitan, protesta porque aquello era de toda la vida. 

Eran otros tiempos, pero el cazurro estándar sigue siendo el mismo. Ese que anda siempre con telares (un día les cuento cuánto tardé en caer de ese guindo) y el mismo que invitará a un corto al foráneo, aunque haya más reservas de la biosfera que bares en los que todavía te los sirvan. 
 

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