Esta oleada de nevadas y temporales, como ya hacía tiempo que no, pues me han obligado a no seguir la actualidad más allá de lo que cuenten las mis fuentes de conocimiento, como las columnas del tío Rus, que me van anunciando lo que ya pasó y así ya se, por lo del año apasado, que le gustan los cohetes artificiales de las fiestas de San Juan, que no hace daño a nadie, como esos que cada día echan fuego por los ojos y los teclados.
Incluso se nos va la luz y nos hace el favor de que no entren los canales de la televisión, pero no falta que lo estropee todo y el cabrón de Don Iberdrola va y nos devuelve la conexión para que podamos ver lo que dicen los grandes oradores a la conquista de Aragón, sin Agustina, que todos dicen lo mismo pero al revés unos de otros, según y cómo.
Es lo que llaman las varas de medir, cada uno con la suya. Algo más viejo que las nevadas. Esta guerra de cifras y datos ha venido a ser una reivindicación de los viejos medidores de la altura de las nevadas para mandarlas a la aemet de entonces, que eran casi siempre los jefes de la estación del tren. Como el recordado Tomás, el de Busdongo, que antes del móvil y hasta del fijo tenía la sagrada misión de mandar por el tren la altura de cada nevada, pues el Servicio nacional de Meteorología estaba esperando. El día de autos parece que nevó mucho pues Sidoro cuando lo cuenta dice que nevó con cojones. Tomás salió a las diez a tomar la medida para dársela al maquinista del tren de y cuarto. Había unas torvas que no se veía ni a jurar. Tomás no hacía pie, entró para casa y redacto el parte: «A las diez de la noche había una cacha y un cacho más. Si no para mañana habrá más. Firmado: Tomás».
Parece que no aclaró mucho la nota y en León se preguntaban: ¿Será muy alto Tomás?, ¿mediría con la cacha suya o con la del nieto?, ¿clavaría la cacha hasta el fondo?. Total, que no le pusieron centímetros a la nevada. Como la de los datos previos de cualquiera de las elecciones.
Le preguntabas a Sidoro el del bar cuando pasaban estas cosas, que ya vienen sucediendo desde que Ana Rosa Quintana escribía libros:
- ¿Tú te crees los datos de las encuestas de las elecciones, crees que ganaran los tuyos?
- Como la nevada de Busdongo, una cacha y cacho más ¿Y tu crees que ganarán los tuyos?
- Los míos sí, seguro, porque espero y me hago de los que ganan.