«La bondad suprema es como el agua,que todo lo nutre sin pretenderlo. Se contenta con los lugares inferiores que la gente desdeña». Tao
Si yo fuera nube, navegaría sobre la brisa, despreocupada del rumbo y cuando las fluctuaciones térmicas me avocaran a descomponerme, me convertiría en bruma posada en cualquier cumbre, o gota de agua en caída desde tanta altura, o en un vaho elevado hacia el sol y su infinito inconmensurable, primigenio, todopoderoso.
Si yo fuera gota, intentaría no olvidar que en otro tiempo fui nube; me precipitaría desde el cielo al abismo del día menos pensado, despreocupada de mi último destino. Ya fuera este tu cabello o las hojas de la copa de un árbol altísimo, ya fuera una brizna de hierba, el polvo del camino, la tela de un paraguas que repele a las gotas de lluvia, como yo… o el cauce de un río.
Si yo fuera cauce de río. De río de alta montaña y después de valle y después de llanura hasta llegar al mar, intentaría no olvidar que en otro tiempo fui una gota que recordaba a su nube, ni olvidaría tampoco el viaje del día menos pensado, ni cómo me fundí en esta agua cantarina, cobijo de peces y anfibios, de seres, de pura vida, razón de la orilla, de esta que me habita y de todas las demás.
Ser cauce es otra cosa; una no sabe si es una gota inmensa que se transforma y corre y brinca y canta. Que se expande y se contrae. O la suma de todas las que se desprendieron de aquella nube. O quizá las dos cosas a la vez. Quizá sean tres: Si yo fuera cauce, mientras llego al mar, querría ser las tres cosas a la vez. Una primero, la otra después y las dos a un tiempo. El mar.
Si yo fuera mar, intentaría no olvidar que una vez fui cauce, y más atrás gota y más atrás nube. De dónde viene mi agua y a dónde va. Cómo se orquestan mis olas en cada playa. Qué mensajes rumorosos posan en la arena en ese pequeño gran lío de voces. Dónde están todos y cada uno de los días menos pensados, todas las nubes y todos los rayos de sol entre los que tuvieron que blandir sus argumentos, antes de precipitarse al abismo.
Si yo fuera mar…