No hay manera de resolver la ecuación. Si tú dices ven yo me las piro y si tú te las piras, se me pone de punta el pelo porque no vienes. A bofetada yerma andamos en El Bierzo sin poder sacar de eso más que la bronca política que no llega ni a partido de tenis bueno. Peñalba es la red. Cada vez que el cielo quiere, le mete una somanta de agua a la ladera que la hace caer sobre la carretera a pecho descubierto y a ciegas. Da gracias que los que ven no están debajo nunca, que es más fácil eso que que les toque la lotería. Problemón elevado al cuadrado, sobre todo porque ya vamos por los dedos de los pies en la contabilidad de la misma tragedia que deja una sentencia de incomunicación más o menos severa. Y todavía suma y sigue. Se eliminan las piedras, se llevan a la pista de tierra que enlaza con San Cristóbal y allí se dejan, tan panchas, para sorpresa del caminante que tiene que sortearlas como puede, en ese enlace que, por cierto, está abierto al tráfico por ambos lados sin que se pueda acometer la ruta completa, aunque nadie te lo diga. Pero eso da igual porque lo que interesa es poner remitente al problema: a quien corresponda. Y ahí llega el hostiazo. Esta carta es para ti. Que no, que es un recadito con tirón de orejas incluido que te dan a ti. No, que no es mi potestad (se les llena la boca con las oclusivas). Y tuyo mío, como no es un billete, Peñalba queda huérfana, dibujando un emoticono de esos que levantan los hombros y abren las manos al mismo tiempo. A Peñalba se le rompe un muro y no hay potestad que lo arregle. Peñalba necesita baños y la potestad señala a otro que, aunque no la tenga, es culpable de no hacer haciendo. Para salir en la foto al colocar la bandera de Pueblo más bonito del año hubo menos polémicas. Pero eso ya fue carne de periódico y ya está comida. Ahora hay que renovar titulares y cuando restan alegrías, nadie quiere quedarse con las lágrimas.
Es curioso como en la venta de batutas, los políticos levantan la mano para ponerse los primeros en la fila. Igual es maldad o desconfianza plena…pero yo creo que es por el sueldo. No sé, tal vez sea solo por querer estar ahí, «solucionado los problemas de nuestros vecinos». El entrecomillado no es mío, es de los miles de dirigentes que han pisado centenares de Peñalbas entonando el mismo discurso. Es un mantra, su fin. Nada más lejos de su proceder. «Siempre que pueda esquivar responsabilidades, tengo agua en el Oza a reventar para lavarme las manos». El entrecomillado no es suyo, este parte de mi imaginación que, sí, será por maldad, dibuja una ancha espalda que hace mutis por el foro sin despedidas ni miradas hacia atrás por si esos, nuestros vecinos, le sacan los colores.
Que no se esfuercen, que no los tienen. Se pintan en blanco y negro y la vergüenza queda para el pueblo.