Hay películas cuyo mayor mérito es, al mismo tiempo, su condena comercial. Es el caso de ‘Blue Film’, una cinta que ha enfrentado serios obstáculos para encontrar exhibidora y que en España solo puede disfrutarse a través de Filmin, aun habiendo cosechado excelentes críticas y el premio a la mejor película en la sección ‘Trends’ del Atlàntida Film Fest. El motivo de este rechazo reside en el tema que trata, la pederastia, y en la manera —tan arriesgada y valiente como innegablemente provocadora— en que elige abordarla: a través de una larga conversación de hora y media, la totalidad del metraje de la película, entre un profesor de secundaria retirado, que en el pasado intentó agredir sexualmente a un alumno menor, y otro antiguo estudiante, ya adulto, por el que el docente estuvo secretamente enamorado y que hoy se gana la vida como trabajador sexual frente a una webcam.
Para escribir esta historia, su director y guionista, Elliot Tuttle, se basó en ‘Pervert Park’, el documental que obtuvo el Premio Especial del Jurado en Sundance en 2015 y que analizaba las vidas y luchas internas de agresores sexuales en una comunidad de Florida, dejándoles hablar sin reducirlos a meros monstruos. Es precisamente lo que hace Tuttle en ‘Blue Film’: dinamitar cualquier tabú al dar voz y palabra al agresor. Esto permite al espectador entender —lo cual no implica en absoluto justificar ni perdonar— la psique de quien siente atracción sexual por menores, así como el origen, la vivencia y las consecuencias de la perversión —una de las palabras más repetidas, de hecho, a lo largo de la conversación—. La película expone así con crudeza su autorrechazo, la conciencia de su propia desviación, la culpa y la vergüenza, el aislamiento autoimpuesto al saber que no hay lugar para él en la sociedad, y la inevitable y radical soledad que le espera hasta el final de sus días. En paralelo, este diálogo cruzado explora los sentimientos de quien decide, de forma libre y voluntaria, exhibir su cuerpo y ponerlo a disposición de otros por dinero en la era de OnlyFans. ‘Blue Film’ se muestra asimismo inteligente a la hora de analizar, sin juzgar, la posición del trabajador sexual, sus motivaciones, a veces caprichosas y volátiles, y los vericuetos inescrutables del deseo humano y, más concretamente, del deseo homosexual masculino. Hank y Aaron son, en suma, dos personajes radicalmente distintos que, sin embargo, comparten la necesidad de preguntarse hasta qué punto somos libres para elegir lo que deseamos y cuánto de aquello que somos viene determinado por circunstancias que no hemos elegido.
La película, llamada a convertirse en obra de culto sin haber pasado prácticamente por las salas, se sustenta principalmente en el brillante texto de Tuttle, que nunca decae ni pierde el interés, pues sabe desplazarse de una habitación a otra y transitar de un estado de ánimo a otro con absoluta fluidez y sin caer en la artificiosidad, y en las soberbias interpretaciones de sus dos protagonistas, Reed Birney y Kieron Moore, quienes aportan una aplastante credibilidad y vulnerabilidad a todas las aristas y claroscuros de estos dos hombres rotos y abocados a compartir una soledad tan indeseada como, en cierto modo, buscada por ambos.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.