El número de conejos en la chistera de un ilusionista es limitado. Y no hay más, que diría Goyo ‘el Salchichas’, industrial de la calle La Rúa. La regla es aplicable y finita para todos los prestidigitadores que en el mundo ha habido, salvo para los hábiles magos del PSOE, que siempre tienen de donde echar mano cuando dicen aquello de ¡ale-hop!, y aparece el animalito –como por arte de birlibirloque y de manera sorpresiva- ante los ojos de la concurrencia. Es la tarea que vienen desarrollando en los mítines de esta mal llamada precampaña electoral (siempre es campaña), en la búsqueda del asombro popular.
Ante los acontecimientos que venían produciéndose en las calles españolas por la falta de viviendas, creyeron ver el filón aprovechándose del problema. Primer conejo. Toda la culpa era de las derechas y por ahí tomaron el camino. Pero les salió rana. Las cañas se volvieron lanzas con el ‘mingazo’ de la exportavoz Montserrat Mínguez y la treintena de viviendas de su unidad familiar, y hubo que pixelar a toda prisa el oportunismo político. Nada nuevo si de la comedia sanchista se trata.
Vista la falta de éxito y ante el temor de que el eco les devolviera sus palabras, buscaron el segundo conejo: las pensiones. Al más puro estilo Zapatero –cuando su famoso aparte con Iñaki Gabilondo-, decidieron tensionar a la opinión pública y a los varios millones de pensionistas. Las malignas derechonas les meterían la zarpa en sus ingresos y, poco menos, que desaparecería la revalorización del IPC. Otro conejo fallido. Y otro bulo. Cabe recordar que el único que congeló las pensiones fue Zapatero en aquel fatídico año de 2010, y su consiguiente aplicación en el ejercicio siguiente. Sin embargo, este dato se la ha olvidado a Ferraz. Y pelillos a la mar. ¿Andan desarmados? Pues que viva el amor. Tercer conejo. Los socialistas se postulan ahora como adalides del romanticismo amoroso. Nadie como ellos para amar. Ya lo dijo también Zapatero: ser socialista es tener poco y dar mucho. Pues eso, amor a raudales, sin límite. Que salga a borbotones y lo inunde todo. Lo malo (para el clan) es que la estrategia tampoco les ha funcionado como pretendían. El beso del ‘amo’ con su mujer ha quedado en mera anécdota pueril. Y si de aplicar el amor seráfico se tratara… que se lo pregunten al recientemente dimitido exdelegado del Gobierno en Madrid, que ha quedado para vestir santos.
Cuarto conejo. Las derechas han pactado listas en varias provincias de cara a las elecciones ¡Qué escándalo! ¡Es un retroceso de cincuenta años! (dixit Pedro Sánchez). Hay que ser caradura. La clave, con todo, no es argumentar sino meter ‘jindama’ al personal. Intranquilizarle. El PSOE se puede arreglar con quien le venga en gana en función de sus intereses de investidura y escaños. Los demás, no.
Y lo que más chirría de la función: ellos lo han hecho antes y tan campantes. La ley del embudo en su máxima expresión: lo ancho para las izquierdas, lo estrecho para el resto. El quinto conejo –este de rebote- ha sido la victoria de Lula da Silva en Brasil. Y ya está Sánchez dando la turra a favor de obra. ¡Menuda conejera!
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