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Bendito silencio

04/01/2023
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Lo echaba de menos. Las lluvias se fueron con el primero de enero. Las tierras rezuman, pero los pantanos no han alcanzado aún la mayoría de edad, singuen imberbes. Todavía «tiene que llover, tiene que llover a cántaros». Pero el sol ha salido y lo agradezco. Las nubes se fueron, como se va el rebaño que obedece al silbido del pastor. Sin su lana protectora, rizada, merina, el cielo descubierto, desnudo, se heló, atravesado por el frío. Despierta la mañana con la helada en los tejados, en el césped del parque, en los parabrisas de los coches aparcados. Todo está quieto, también yo, pendiente de su esfuerzo titánico, del sol elevándose sobre la línea que marcan los chopos. Triunfa en silencio. El mayor espectáculo del día sucede en silencio. Doy gracias por este silencio, bendigo este silencio. «Toda la paz de la naturaleza sin gente viene a sentarse a mi lado». Demasiado ruido últimamente, ruido en el ambiente y ruido en la cabeza y en el ánimo.

Acaba de morir el Papa que no quiso vivir entre los lobos, que se retiró como un cordero. Fue algo extraordinario. El pastor que deja al rebaño porque se sabe sin las fuerzas necesarias. Recuerdo un viernes de viaje a Benavides, distraído, conduciendo sin paisaje, me pregunté: ¿Qué estará haciendo ahora Benedicto XVI? No sé de dónde salió esa curiosidad, pero sí sabía la respuesta: seguro que está pensando. Lo imaginé sentado en un banco de piedra, en un jardincillo amurallado, pensando. Me hice la misma pregunta durante varios días, a distintas horas. ¿Qué estará haciendo el Papa ahora? La respuesta fue siempre la misma: pensando. Benedicto XVI fue un pensador.

¿Cuánto hace que no pienso? ¿Cuánto hace que no piensan ustedes? Me refiero, pregunto por ese pensar que no es un pensar técnico, eficiente, ni un pensar en los medios. Es pensar en los fines e incluso pensar más allá de estos. Cuando definen al hombre como animal que piensa, es este pensar que no está sujeto a las decisiones inmediatas el que nos hace especie diferentes dentro del género animal. Desgraciadamente, me temo que hemos olvidado esta facultad tan propiamente humana. Este pensar necesita silencio y el mundo es puro ruido. Nos invitan desde eslóganes, anuncios, mensajes: ¡No lo pienses! Hazlo. Y cierto que somos hacer, pero también pensar. Porque la acción por la acción conduce a la barbarie. Aprovechen el silencio de este sol sin cencerro de las primeras mañanas. Prueben, al menos.

Y la semana que viene, hablaremos de León.
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