Aunque sea un sábado de Dana que rompa paraguas, bendita lluvia, pero que no te sobresalten coches con megáfonos pidiéndote el voto a gritos como si fueran a arrancártelo sobre esa música pegadiza que aguanta más que los principios en los partidos. Esa que inmediatamente te descubres tarareando. Las sintonías electorales son lo más consistente de la democracia española. Ahí el PSOE sigue siendo el PSOE y el PP su charrán desterrado. En ellas España nunca abandonó el bipartidismo. Nadie recuerda qué baila Podemos, Vox o Ciudadanos. Ni si tiene canción Yolanda Díaz. En esas viejas melodías machaconas habitan las siglas porque nunca fracasan, solo suenan en los balcones del ganador. Y no prometen nada.
Bendito sábado de reflexión huérfano de compromisos. Deberían estar prohibidas las bodas y hasta las peticiones de mano. Nada. Ni aunque te traicione la sinceridad como al candidato que en una entrevista espetó: «Déjenme que les mienta yo estos cuatro años». Espérese, por favor, a mañana. Ese sábado de regocijo con los políticos tomando vinos con los amigos que no llama nunca. Paseando en silencio con sus hijos repeinados como si hubieran vendido un reportaje al Hola. Al séptimo día Dios descansó, si había elecciones les aseguro que ese día cayó en sábado.
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