Imagen Juan María García Campal

"Begin the beguine"

16/09/2026
 Actualizado a 16/09/2026
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Escribía en mi artículo del pasado 15 de julio (Agradecida interrupción) que los años pesan, los yerros más, y descansar de todo preciso se me hacía, así como que les dejaba descansar, si todo seguía igual, hasta hoy. Y aquí estoy de nuevo, no porque todo siga igual, que, al menos para mí, mucho ha mejorado desde aquellas ignaras fechas, tras un verano tan ciertamente cordial que aun sin disfrutarlo, como vulgarmente se dice, «a tope» sí me ha descubierto muchas personas y cosas y que, sin duda alguna, me ha revivido y mejorado algunas propias ópticas con que, no solo afrontar días y vida, sino también con las que encontrar viejos yerros que hasta uno ignoraba que arrastraba. Sí, ha sido un verano tan prodigioso que, de nuevo, se ha manifestado realmente acertada y cierta la muletilla de «viviendo y aprendiendo».

Y así, retornado que he sido, toca volver a empezar. Volver a empezar a (ad) mirar el mundo con sus bellezas y bondades, a mirarlo con sus guerras, genocidios y extorsiones, volver a empezar a mirar la patria (y más ahora que aún nadie ha intervenido o recortado mi españolidad), volver a empezar a mirar a mis semejantes (y más ahora que aún existen los derechos humanos), a mis conciudadanos (y más ahora en que tantos parecen haber olvidado la tolerancia en la coexistencia democrática y convivencia ciudadana), y volver a empezar a medir pulsos y latidos del corazón y la mente con la pauta de los propios principios para volver a empezar a pulsar las teclas que cincelan negro sobre blanco los pensamientos y sentimientos, pareceres, opiniones que cada semana comparta con ustedes. Mas, ah patria que por tus hijastros bien puedes parecer madrastra. Me duele que, apenas atisbado tu estado y el estado de tus moradores, me lleguen ecos de crispado grito corto y anatema largo; de apasionada autoafirmación e irracional condena del vario.

Ah patria, dónde la serena brisa de tu rico idioma, dónde el arte de con él dar forma al argumento que previamente, a la fría luz de la reflexión, haya construido el pensamiento. Dónde la conquistada generosidad de que en ti, ah patria, nadie sobra y tantos faltan. Dónde, ah patria, las certezas del mejor hoy, la esperanza de un mejor mañana; dónde la memoria de tanta y tan reciente infamia. Dónde nuestra civilidad, dónde el aprecio y defensa de nuestra, aun falta, democracia. Cómo, ah patria, contra el cómplice silencio, no volver a empezar. Llame a la fraternidad quien tenga y use la palabra y, por fácil que sea, no eche leña al fuego.

¡Salud!, y buenos días hagamos.
 

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