La impresión de estar perdido en un monte de Lucillo, Valderrueda o Priaranza del Bierzo no es nada comparado con la sensación de participar en una conversación entre médicos. Más por cuestiones personales que de salud, a menudo comparto mesa con grupos del gremio y les puedo asegurar que seguir un mínimo hilo conductor en sus diálogos es, casi siempre, un esfuerzo estéril. Monopolizan la tertulia, vuelven de forma sistemática a asuntos sanitarios y se enredan en un lenguaje críptico para el resto de los mortales. Por odioso que pueda resultar, creo que esta cerrazón médica no es algo consciente: son tan pasionales en lo suyo que en ocasiones les cuesta asumir ciertas realidades o patrones que operan más allá de los pasillos de un hospital.
Seguramente por este particular síndrome no descrito en la literatura médica, considero que los colectivos que convocan huelgas como la de esta semana contra el borrador del Estatuto Marco están cayendo en un desatino recurrente a la hora de plantear estas movilizaciones. El paro de cada mes es visto en la calle como cualquier otro conflicto laboral, mera presión para conseguir ciertos derechos de un gremio determinado. Nada más lejos de la realidad. Los médicos, en su afán por complicarse con palabrejas poco comprensibles, no han sido capaces de transmitir a la sociedad el auténtico trasfondo de sus reivindicaciones: la supervivencia misma del sistema público de salud. Más claro, que a ti y a mí una radiografía de rodilla no nos comprometa llegar a fin de mes o que tu hermana pueda recibir ese tratamiento de quimioterapia sin arruinarse.
El coste de miles y miles de consultas aplazadas y operaciones reprogramadas responde al objetivo de evitar un precio todavía más alto. El Estatuto Marco que pretende aprobar el Ministerio sentará las bases para las próximas décadas de la profesión sobre la que pivota la sanidad pública. Es ahora o no será nunca cuando, principalmente por los pacientes, se debe acabar con las guardias de 24 horas y con otras condiciones abusivas que sufren nuestros médicos. A las claras, doctor… Que no quieren cobrar más, que están reivindicando atenderte como te mereces y con la calidad que estás pagando con tus impuestos.
En el enésimo ejercicio de cinismo del conjunto de la sociedad, aquella deuda eterna contraída con los sanitarios durante la pandemia ha dado paso a broncas por esos retrasos de los que estos profesionales también son víctimas y a continuos cuestionamientos a años de formación por parte de cualquiera que tenga descargado ChatGPT. Los médicos no querían los aplausos de esas tardes de confinamiento, pero ahora sí que te piden que les apoyes en esta huelga, en esta lucha que es de todos. Respaldo que, gobierne quien gobierne, es un verdadero acto de patriotismo.
A menudo escuchas esa cantinela de que la sanidad pública es lo mejor que tiene España, pero esta frase solo cobra auténtico sentido cuando tu vida o la de los tuyos depende directamente del sistema, de esos médicos que hoy se manifiestan. Ahora que se acerca el Mundial, dando por bueno que las batas blancas importan más que las camisetas rojas, ¿qué tal una bandera sin colores en cada balcón?