¿Otro? Otro. Tan burocrática se ha hecho nuestra democracia, que hasta las fatalidades forman cola en una ventanilla. La fugacidad de la información tapa la anterior losa en nuestra tumba como país. Somos peores porque se escondió la previa, y nos dejamos. Somos peores porque con una frialdad supina nos sumamos ovinamente a la estrategia del olvido. En la misma silla me pilló la DANA, el apagón, Adamuz, Ceuta y Urda, y no llego a los tres años viviendo aquí. Cinco desastres, cinco tragedias, cinco losas, que por sí solas, en suma, o con lo anterior, deberían cuestionar todo el engranaje.
Ponerse en los padres que esperaban que su hijo no estuviera en esos vagones, y finalmente sí; en los amigos desesperados porque uno de los suyos no engrosara esa lista, y finalmente sí; en los abuelos, hijos, hermanos, compañeros, a los que a esa hora una persona dejó de responder, y nunca volvió a hacerlo; el que echaba una cabezada y al instante vio cómo un raíl atravesaba a los de la otra fila; las familias, grupos o relaciones que serán uno menos para toda la vida… Ponerse debería hacer que los vivos pateáramos los falsarios cuentitos que endiñan y amores que distraen, pero los antecedentes solo hacen pensar en que volverán, y volveremos, a bailar sobre su sangre. Años de dogmatismos, gestión marginal de lo público, cargos de confianza y personajes para la ofensa. Ahora vemos cómo se nos han ido 116 vidas en el ministerio del putero centrado en fiestas y señoras, o en el del tuitero zafio centrado en que sus ‘boys’ copen los puestos técnicos. Y ante el fallido y miserable intento de cargárselo al operario en esa misma noche, el relato se encamina a una inexistente privatización que ellos mismos manejaron y una dimisión en diferido obligada por sondeos internos. Y aún se creen capaces de inyectar moralina.
Ante la liberalización, el aumento de pasajeros y trenes punteros, ni presupuestos y a Twitter, pero privatización y qué digno ministro nos deja. Por desgracia hemos alcanzado el culmen de estos ocho años de fanatismo, inoperancia y antipolítica: la muerte de ciudadanos.
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