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Ay del carbunco

03/04/2016
 Actualizado a 15/09/2019
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Yo entiendo que después de ver a Montoro en la televisión a la gente le queden pocas ganas hasta de sembrar patatas, y menos de reírse. Pero algo habrá que hacer hasta que vuelva a entrar a la cárcel la Pantoja, que si no es bastante delito tener en la cartilla de la seguridad social a Paquirrín a mi que me inseminen.

Yse nos están quitando las ganas de aquellas bromas tan nuestras. O se han retirado los que las gastaban, como Sidoro, el del Bar Casa Isidoro, que para todo aquel que llegara a su local tenía dos saludos, según hubiera ido la tarde: "Hombre, insipido", era la versión de amigo, tenía otra para los escritores y poetas, abundantes en la comarca: "Insipido e insaboro".

Para los días enfoscados y metidos en borrasca recurría a un habitual de la casa "¿Qué tomas, asqueroso".

Y el cliente que le conocía si quería que le pusiera algo de beber debía rematar con la frase que te abría las puertas de la nevera: "Asqueroso, asqueroso, que te dejó la mujer por asqueroso".

Incluso para las enfermedades había códigos que se salían de la norma, pues eran anteriores a que cada cual entre en Internet y sepa los síntomas, el nombre, el tratamiento y las contraindicaciones. De todo aquel que se le veía con la cabeza baja, como con andancio, se presumía que "tendría el carbunco", con una variante en la mixomatosis si el enfermo tenía algo que ver con los conejos que no fuera escabecharlos.

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