Imagen Juan María García Campal

¡Ay de la soberanía ciudadana!

30/03/2016
 Actualizado a 19/09/2019
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Ya sin santa pasión, vueltos al humano padecer, mirando, no sin tedio, el panorama político de la preambular Nación, del articulado Estado, de la ‘clinéxica’ España, estoy por proponerle a Paca Sauquillo –que presidirá la Comisión de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid– que al franquista, enorme y capitalino Arco de la Victoria (esa cosa que duró tantos años y algunos llamaban paz) se le tornen nombre y porqué por el de ‘Arco de la patriótica necedad’ (sí, ya sé que habría mejores nombres, pero tampoco es cosa de perder el humor al primer párrafo). Y así, por ejemplo, hacer salir bajo él al nunca bien ponderado –por el que suscribe, se entiende– gobierno, hoy en funciones, el día que toque, si es que llega y servidor lo alcanza (le recuerdo que está usted leyendo una opinión, no el editorial). Digo esto, recordando cuando los economicistas populares y asimilados desorientados (bien vía grado barra tasca, bien vía master papel salmón) decían que el gobierno de un territorio viene a ser como la dirección de una empresa (aquí ya alguno ha dicho «¡ya, ya! ¡te u os ibais a enterar entonces de lo que vale una peineta!», que lo he oído yo). Mas era impura e injusta conveniencia, como casi todo en ellos, y si no veamos.

Al margen de las lentas y esotéricas discusiones jurídicas –no olvidemos a Chamfort y su «es más fácil legalizar ciertas cosas que legitimarlas»– lo cierto es que el popular gobierno en funciones ya anunció el pasado día diez que «no se va a someter al control parlamentario», por entender que «ni puede ni debe», que «no puede someterse a las iniciativas de control por parte de una Cámara que no ha otorgado su confianza al Gobierno en funciones». ¿Se imaginan un consejo de administración de una sociedad anónima que se negase a rendir cuentas a la asamblea de accionistas porque las acciones hubiesen cambiado de propietarios? En más cercano, ¿se imaginan una quincallería donde los quincalleros que ya tienen en sus manos el preaviso de despido, ‘boleto’ en vulgo, obrero o popular, con perdón, se negasen a dar cuentas de su quehacer a la quincallera titular? ¿No se lo imaginan? Claro, ni yo. Pero tal parece que por tal quincallera tienen algunos patriotas a la soberanía nacional, esa señora que, residiendo ‘en el pueblo español’ (Constitución dixit), se domicilia o persona en el Congreso y en el Senado.

Y en tanto, otros con problemas para cuadrar las agendas. ¿Las tendrán redondas, con tanta rosa y tanto círculo? ¡Ay de la soberanía ciudadana!

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