Al margen de las lentas y esotéricas discusiones jurídicas –no olvidemos a Chamfort y su «es más fácil legalizar ciertas cosas que legitimarlas»– lo cierto es que el popular gobierno en funciones ya anunció el pasado día diez que «no se va a someter al control parlamentario», por entender que «ni puede ni debe», que «no puede someterse a las iniciativas de control por parte de una Cámara que no ha otorgado su confianza al Gobierno en funciones». ¿Se imaginan un consejo de administración de una sociedad anónima que se negase a rendir cuentas a la asamblea de accionistas porque las acciones hubiesen cambiado de propietarios? En más cercano, ¿se imaginan una quincallería donde los quincalleros que ya tienen en sus manos el preaviso de despido, ‘boleto’ en vulgo, obrero o popular, con perdón, se negasen a dar cuentas de su quehacer a la quincallera titular? ¿No se lo imaginan? Claro, ni yo. Pero tal parece que por tal quincallera tienen algunos patriotas a la soberanía nacional, esa señora que, residiendo ‘en el pueblo español’ (Constitución dixit), se domicilia o persona en el Congreso y en el Senado.
Y en tanto, otros con problemas para cuadrar las agendas. ¿Las tendrán redondas, con tanta rosa y tanto círculo? ¡Ay de la soberanía ciudadana!
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