Pero estamos en el futuro, camino del más allá. Te lo diré yo que como el billete era barato fui a Madrid en el AVE y engañé a la Renfe porque saqué billete de ida y vuelta y volví con la empresa Fernández de Martiniano. Yo soy muy de aprovechar las ofertas, me mandan a hacer los recados al Continente para que compre algo de fruta y salgo con una motosierra eléctrica más contento que dios. Me han llegado a durar dos meses.
Vuelvo al suco, que me esnorté. Que fui a Madrid (ellos sí que están en el futuro, en la su tele un tal Osborne entrevistaba a la nieta de Franco, lo pasaban más bien) y me bajé del tren y resulta que estaba cerrada la pensión a la que iba, una que hay a mano derecha según llegas, que daba pulpo de tapa. Y ni un mal cartel explicando qué pasa, si cierran por ‘andancio’, si se les rompió la pregancia, si son de un coro que canta misas mozárabes y tenían misa de a ocho, nada. Falta de profesionalidad ¡Cómo eché de menos a Alberto El Pajarín!, que tuvo muchos años restaurante en el medio de las Hoces de Vegacervera y tenía un cartel a la puerta que decía: «Este negocio no abre todos los días». Pues claro. Si estaba cerrado tenía una explicación. Me jodo en el Ave, que encima vuelve.
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