Angel Suárez 2024

Atmósfera turbia

02/10/2016
 Actualizado a 13/09/2019
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Al momento de enviar esta columna se desconoce el desenlace del Comité Federal convocado para tratar de resolver la crisis del PSOE. Da igual, las cartas se han puesto sobre la mesa, las espadas están en alto, y ni una gestora ni unas primarias van a servir para cerrar una brecha de semejantes proporciones entre el socialismo de la rosa y el gusano revolucionario que siempre llevó dentro.

A nuestro paisano Zapatero debe agradecerse esta deriva. El que resucitó a una ETA derrotada –entonces sí lo estaba– sobre los cadáveres de los socialistas asesinados en los años del plomo, el que se rindió al separatismo convirtiendo a su partido en una fuerza insignificante en Cataluña y País Vasco, el Presidente de la Nación que consideraba discutible el término nación, el que se decidió a enterrar la Transición.

Como producto natural de todo ello ahora medio PSOE (concretamente la mitad que no gana elecciones) está dispuesta a fletar autobuses para insultar y zarandear a sus ‘compañeros y compañeras’ en la misma sede de su partido, como forma de debatir si en democracia debe ejercer el Gobierno aquel que obtiene más votos o si, por el contrario, frente a los 170 escaños que respaldaban la investidura de Rajoy, los 85 del PSOE legitiman la formación de un Gobierno frentista, separatista y revolucionario.

Con la corrupción del PP como coartada Sánchez se propone gobernar con el partido de los Pujol, el más corrupto de Europa. Con la democracia en la boca, aunque con muchos menos votos que en diciembre del año pasado, pretende repartirse los Ministerios con una extrema izquierda bolivariana y minoritaria que nunca ha ganado unas elecciones pero que, gracias a él, detenta el poder junto con novias y amiguetes en los principales Ayuntamientos.

Y al fondo siempre Rajoy, continuador de lo peor del zapaterismo, sepulturero de María San Gil, autor del «Luis, sé fuerte», imperturbablemente dispuesto a dar alas al adversario y mantener viva la coartada de la corrupción del PP poniendo su nombre por delante del interés de su partido y de España.

Mientras tanto España ingobernada y sumida en la crisis y en la parálisis, sin poder ejecutivo ni legislativo, y con una justicia congelada como consecuencia de su escandalosa politización. Abocada, en fin, a unas terceras elecciones que tampoco parecen presentarse como una solución al bloqueo. Es, una vez más, aquella «atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa» que ya caracterizó el panorama político español en otro tiempo y que siempre termina mal.
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