Creo haber comentado ya alguna vez mi madrugadora y sana costumbre de, una vez en la calle, dirigirme a alguno de los cafés que bien me acogen y en él acompañar mis dos horas de cafés-café -los que me ayudan a acabar de ser persona y no continuar siendo un amodorrado circulante- de pedagógicas y placenteras lecturas poéticas, pues si bien los cafés-café vigorizan mi organismo, sin duda, la lectura de poesía fortalece mi espíritu para afrontar las penosas realidades que desde diferente ámbito territorial con que el día, perdón y mejor, con que el hombre ese día malogre el buen vivir que unos a otros nos deseamos bajo la fórmula de salutación «buenos días,…». Generalmente me duran sus influyentes efectos hasta media tarde, momento en que incluso por prevención me chuto unos cuantos poemas más en el alma. Pero este último mes salvo fiestas y puentes de guardar en que dicha lectura por placer fue hube incluso de aumentar su dosis. A quién se le ocurre seguir lo más directo posible, es decir sin interpretaciones de varia intención, las sesiones de las grandes obras representadas en el Festival de Teatro Judicial bajo los títulos «Caso Kitchen» y «Caso mascarillas». Difícil lo van a tener este año Mérida y Almagro. Qué actores en una obra, nunca mejor dicho, qué intérpretes en la otra, y qué decir de tanto farandulero y comediante en ambas. Ver para dudar hasta de la verdad. Tras cada una de las declaraciones vistas y oídas hasta ahora tuve a acudir raudo, así como por urgencias, a Jorge Riechmann, a su «Esperanza contrafáctica», esa esperanza poética que dice: «No el ‘como si’ / sino el ‘a pesar de’ // Donde flaquean los teoremas / siguen caminando las oraciones // -aun las dirigidas al vacío / esas que llamamos poemas». Cuán escarpado se me está haciendo el camino hacia la idolatrada urna democrática. Cuanto falsario por doquier. Mas sí, «siguen caminando las oraciones» y las acciones. Por eso, por escarpado que sea, siempre acudiré a las urnas, a depositar mi descontento, a encomendar mi esperanza. Flaco favor a la democracia están haciendo estos partidos, sus leyes del embudo, sus fes ciegas, su ausencia total de la mínima autocrítica. ¡Asco!
No hablo de desencanto ni de resignación; hablo de la necesidad de hasta en la política tener presente la poesía y así, tal como escribió el poeta citado: «La ética que necesitamos: imposible / La política que necesitamos: imposible / La economía que necesitamos: imposible // De manera que ¡manos a la obra!»
¡Salud!, y buena semana hagamos.