Comienza la campaña y hay un cadáver sobre la mesa. La difunta es una anciana con discapacidad expulsada de su casa hasta un hospital por un fondo buitre. Una anciana a la que muchos han despreciado o puesto en tela de juicio por el mero hecho de vivir en un piso desde hace siete décadas, casi toda su vida, en una céntrica zona de Madrid, con una renta que llaman ganga quienes han asumido la locura del coste de ese derecho básico. Se han mofado de ella y sus crueles circunstancias, muchas veces con una bajeza inédita. No pedirán perdón.
El gobierno no ha hecho lo suficiente. El escudo social levantado durante la pandemia y prorrogado en más de una decena de ocasiones ha evitado unos 60.000 desahucios, pero ha habido más de 250.000 durante estos últimos ocho años. Su debilidad parlamentaria no le justifica, pero al menos lo ha intentado y ha vuelto a intentarlo con ocasión de este caso. Otros han votado en contra de esos intentos y han torpedeado su eficacia desde las competencias autonómicas en esta materia, a menudo disimuladas. ¿Puede que se utilice este asunto políticamente? ¿Qué asunto no se usa así? ¿Cuál podría serlo más?
Mientras los únicos okupas reales y temibles son los fondos de inversión, la oposición nos entretiene con asuntos que a nadie afectan ni preocupan, como el voto por correo o la dictadura de Sánchez, el comunismo y otros guiñoles de papel maché.
La portavoz de la campaña del PP será Esther Muñoz, persona que habla rápido para intercalar faltas de respeto y a la verdad. Ya sabemos, por tanto, el tono. Aunque, según dicen, cuando gobiernen todo cambiará, dando por hecho que es su voluntad que ahora sea así. Todo por ganar, hasta la corrección. La alternativa podría haber sido Tellado.
En estas Ayuso ha publicado un libro anarrósico, llegando pelín tarde al Nobel. En sus páginas, seguramente, cultiva su imagen de jovencita de derechas algo locuela que rompía algún plato en las fiestas de sociedad. Era bonito cuando los zurdos solo adornaban la mesa, decorativos, un zurdo de Meissen aquí, un progre de Lladró allá.
Aznar pregona de nuevo sus oraculares embustes con esa cara de resentido que disimulaba un poco su extinto mostacho. Gente así es utilísima, muestra el camino a seguir. Para no topárnoslos.
Vox, como suele, no hace otra cosa que anunciar barbaridades que nadie en su sano juicio querría. Privatizar las pensiones y la seguridad social, despojar de derechos a los trabajadores, etc. Da igual: nadie oye al teletubbie Figaredo, pero los votan. Igual si los escucharan…
Por su parte, los partidos de izquierda se organizan. Llevan haciéndolo desde 1789.
El tan vaticinado final del sanchismo es como el milenarismo: va a llegar, pero nadie sabe cuándo ni cómo. Entretanto, disfruten de otro apocalipsis, será un mes desapacible.
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