Javier Cuesta

Arenas vive, León no tanto

26/11/2025
 Actualizado a 26/11/2025
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De la estirpe de aquellos dos expresidentes que proclamaron Viva el vino y ¿Quién le ha dicho a usted que conduzca por mí cuando bebo?, llega ahora Fumo donde me sale del pitillo. El ‘popular’ Arenas fue pillado vapeando en el Senado, detrás de la ministra de Sanidad para más provocación. Después negó que chupase y sin duda se refería al cigarrillo electrónico; chupar, chupar, lleva años en ello. Aunque quizá estuviera mintiendo, puesto que tiene el pelo blanco, importa poco que aspirase o expirase: sólo el gesto es una falta de respeto, igual que si llega a exhibir una copa de sol y sombra aunque no la cate, ¿no le parece a ‘usté’, campeón?

Vale, ese señorito andaluz siempre fue más chulo que un ocho. Lo de ahora, más que chulería, es desprecio a las leyes y al Senado, esa madriguera en la que sestean (así se explica que echase humo mientras se aburre) sus últimos años los políticos descartados por sus partidos, allí donde habitan las momias territoriales. También hay que decir en su descargo que es su casa, él cree que está en casa y ahí sí podemos hacer lo que nos pete, incluso echar el famoso cigarro de después de f… votar.

Con todo, lo más sorprendente para nosotros, los sufridos leoneses, ha sido descubrir que Arenas sigue vivito y vapeando. Y en la política semi-activa todavía. Apenas sabíamos de él desde el milenio pasado, desde que en octubre del año 99 fue arrastrado hasta el Hostal de San Marcos por su partido para protagonizar la última ‘performance’ del siglo. Ustedes, los mayores, se tienen que acordar. El entonces alcalde Amilivia veía peligrar su alcaldía y necesitaba el apoyo de los leonesistas. La UPL del momento aprovechó la ocasión para redactar un documento por el que el gobierno de Aznar se comprometía a invertir en la provincia más de doscientos millones de aquellas pesetas que tanto daban de sí. El alcalde sobrevivió en su cargo, el gobierno tragó y mandó a su vicepresidente Arenas Bocanegra (esponjado, más crecido que ahora) a firmar un compromiso al que llamaron Pacto por León, un esperpento casi al nivel de aquel anterior en el que se colocó la primera, y única, piedra de Biomédica. Después llegaron otros acuerdos no menos ridículos y fallidos, todos igual de sinalagmáticos y con nombres pomposos: el Plan Oeste, la Mesa por León y los que están todavía sin bautizar. Pues bien, las infraestructuras incluidas, prometidas e incumplidas en aquel Pacto por León se quedaron en ‘na’, al menos en ese momento (si acaso se desarrollaron mucho tiempo después): ni aeropuerto, ni autovía León-Astorga, ni regadíos, ni Parque Tecnológico… pero conste en acta que Arenas pasó por aquí, también en aquella visita soltando humo (digamos que sin estar más que unas horas aquí, vino a quedarse con nosotros). Y ya podemos constatar que la historia contemporánea de León se escribe o bien en papel mojado o en papel de fumar. 

Concluimos que Arenas vive, De Francisco vive, el leonesismo prevalece, el Pacto por León no tanto. Se lo fumaron entre todos.

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