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Aquí se dimite

13/09/2018
 Actualizado a 19/09/2019
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Dijo el PSOE tantas veces al Gobierno de Rajoy que en España había que dimitir más, que lo está convirtiendo en una seña de identidad del cambio político desde que ocupa los bancos azules. 104 días en La Moncloa y ya se ha dejado por el camino a dos ministros, aquel efímero mandato de Máxim Huerta en Cultura y la renuncia de la Ministra de Sanidad esta semana. «¡Ahora ya se dimite en España!», puede incorporar con orgullo Pedro Sánchez a sus discursos. Aunque como todo en la vida solo es bueno en su justa medida y tanta dimisión en tan poco tiempo dice más y peor de quien los nombra que de las faltas de los cesados, que haberlas haylas. No extraña ahora que aumentara el número de ministerios ni que amenace con tener un proyecto hasta el año 2030, que a lo mejor el nuevo socialismo es que todos los españoles toquemos alguna vez cartera.

Dimitir es un verbo de uso complejo (y no por el poco desgaste que se le daba por aquí hasta ahora) porque en realidad nunca se sabe si el afectado dimite o es dimitido. Nadie conoce hasta que punto es el resultado de cumplir una orden o si es una decisión personal aceptando asumir las consecuencias de un comportamiento o decisión impropia al cargo que se ostenta. En los equipos de Sánchez todo indica que son dimitidos, porque incluso en las comparecencias de despedida insisten en su honradez e inocencia. Y si ellos mismos no consideran que hayan cometido fallo alguno está claro que si no se atrincheran en su despacho es porque alguien ya les quitó las llaves. Carmen Montón quedó sentenciada en el mismo momento en que el presidente la reafirmó en su cargo tres horas antes. Otro clásico de las dimisiones, si el jefe te da en público tu apoyo, puedes ir empezando a cavar el hoyo. Pero Pedro está obsesionado con no terminar siendo ‘el breve’ y jamás permitirá que nadie le arruine su vuelo a ninguna parte. Para no quebrar el proyecto de Pedro Sánchez remarcó al irse Máxim Huerta y para no perjudicar al presidente confesó Carmen Montón en la noche del martes.

Pero oye, aquí ahora se dimite, no se entretengan en zarandajas vocearán las izquierdas. Qué gran paso en la regeneración democrática y en la asunción de responsabilidades políticas. Importa poco esta sociedad que permite llegar a ministra a quien plagia trabajos universitarios, altera las notas o consigue un máster con irregularidades. Medrar en un partido hace mucho que se alejó de la virtud y los méritos. Así que con tantas dimisiones, si de verdad creyera en ellas, bien podía plantearse este presidente, que parece nombrar cargos peor que Esperanza Aguirre a la que casi todos le salieron rana, la suya propia. «Todos los gobiernos mueren por la exageración de su principio», decía Aristóteles y en este país que somos de llevarlo todo al extremo podríamos llegar a tener el primer gobierno dimitido de la historia. Así, al completo, y que queden a desayunar en Ferraz los viernes para las reuniones del Consejo de Exministros. Sánchez no se podría resistir a sumar un histórico más a su hoja de servicios. «Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos», nos auguraba Borges.
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