Yo ya no tengo siglas. Ni ideología. Las he tirado a la basura. No me sirven. Mi única certeza, mi única bandera, son los ciudadanos. Mi familia, mis vecinos, mis amigos, mi tierra. Sus entrañas, sus raíces, todo lo que en ella habita y que hoy presiento calcinado.
España sigue ardiendo. No toda, el cambio climático es singular en la península ibérica y afecta solo al oeste. Galicia, León, Asturias, Extremadura y parte de Andalucía han sufrido en 2025 los peores incendios de nuestra historia. Estamos devastados.
No cuenten conmigo los que se pelean por señalar culpables. Culpables son, además de pirómanos e incendiarios, todos los políticos, su gestión es errónea en todos los niveles. Las medidas medioambientales de Bruselas en España no funcionan. Hay que limpiar los bosques. Lo vimos en la riada de Valencia, lo vemos en los incendios ahora.
Es insuficiente la acción del Gobierno del Estado, su tardanza en reaccionar ante las catástrofes, su inacción y el hecho de empeñarse en gobernar sin presupuestos, una obsesión que desemboca en carencias de medios para poder hacer frente a una emergencia. No se pueden contratar más aviones porque no hay partidas destinadas a ello. Menos mal que varios países nos están ayudando. Hace falta una gestión infinitamente mejor capaz de dar prioridad a afrontar con eficacia las tragedias antes de invertir en cuestiones menos urgentes. Tienen que dejar de darse la vida padre y aterrizar en nuestras cenizas.
Es nefasta la gestión de la Junta de Castilla y León, contratando a empresas privadas tan solo 4 meses al año. ¿Quién va a querer trabajar solo en verano con un sueldo tan modesto arriesgando su vida? ¿Quién, señor Mañueco?
Pueblos desaparecidos. Allí no fue nadie. Más educación ambiental, cuidar los bosques todo el año, no especular con la tierra quemada.
No queremos que el Bierzo se transforme en una pila gigante. Queremos nuestras casas, nuestros árboles, nuestras cabras.