Javier Cuesta

Aquellos cielos

07/06/2026
 Actualizado a 07/06/2026
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Reivindicaciones claras: educación y sanidad públicas, impuestos progresivos, fin del bipartidismo, stop desahucios, ley de violencia de género, y de segunda oportunidad, no a puertas giratorias, sistema antifraude fiscal, derecho a renta básica (IMV), igualdad salarial, formas de participación ciudadana directa…

Quince años del 15-M, movilización social de la que nacen plataformas cívicas; y Podemos. Algunos se frotan las manos recordando la fecha y repiten felices una palabra: fracaso. Ahora es fácil reírse de ellos pero algo cambió tras su aparición en escena: políticas progresistas y cambio social. Empujaron, espabilaron a un PSOE acomodado. Pusieron sobre la mesa lo del primer párrafo y tantos otros temas hasta ese momento intocables: iglesia, banca, monarquía, medios de comunicación… Que todos esos problemas sigan ahí y sigan siendo problemas, ¿significa que falló aquel intento o que sigue fallando esta sociedad? Quizá la estafa sea este país, mal diseñado. Ejemplo: vivienda, mayor preocupación hoy. También en los ochenta, con hipotecas al dieciséis y no al actual 3%. Ahora se aborda, se habla, se reclaman soluciones.

Aquello fue un digno, legítimo movimiento de indignados. De protesta y de concienciación colectiva, en su origen. Después incluso co-gobernaron y sí, al despertar, sus demonios todavía estaban ahí. ¿Que no ganaron los cielos deseados? Cierto: ni siquiera, y ya es desgracia, lograron que el locutor Herrera se exiliase, como él mismo prometió. Sólo el Rey, y de aquella manera: ya casi más en Sanxenxo que en Abu Dhabi. Así pues, ¿proyecto fallido o Estado fallido? Desde luego, el intento salió mal, se fue apagando, se contagiaron de vicios de los dos grandes partidos, cometieron errores, surgieron traiciones, divisiones y errejones… Nunca es una sola causa. Pero lo sustancial, lo grave y verdaderamente delictivo fue su persecución: les partieron la cara. Algo intolerable, que se pasa por alto: increíble que aquella canallada no provoque más escándalo. Olvidamos que jueces y poderes fácticos les zancadillearon y fiscalizaron sin piedad. Olvidamos la violación de derechos civiles o la ley mordaza, que sigue vigente. Olvidamos a la policía patriótica del PP, su guerra sucia, sus pruebas falsas y su golpe a la democracia. ¿A dónde podría haber llegado aquel proyecto instrumental sin el opusdeísta Ministro de Interior utilizando dinero y mecanismos públicos para desvirtuar la voluntad popular y el resultado electoral? Ya no lo sabremos. Sí sabemos que aunque hubiera sido un intento ideal en su planteamiento, perfecto en su ejecución, lo hubieran truncado con malas artes. Lo hicieron, de hecho. Con demasiados poderes empeñados en liquidar cualquier disidencia, estaban –y seguimos- rodeados. Asumamos una de sus ideas: en política, lo viejo se resiste a morir. Y otra cosa sabemos: que el patógeno actual, ese virus dañino en expansión, se llama Vox; viene del mismo desencanto pero éste cursa con odio e ignorancia. De aquellos cielos inalcanzados a estos infiernos tan a mano.

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