Un recipiente de barro, panzudo, con un orificio redondo. A nuestro alrededor, cántaros, botijos, el horno árabe construido con ladrillos de adobe, los tornos manuales. Todo tiene una belleza pretérita, como si nos halláramos en un tiempo muy antiguo cuando no existía el plástico y las cosas se fabricaban con las manos. Estamos en el Museo Alfar de Jiménez de Jamuz y Toño de la Fuente nos explica la extraña vasija panzuda: es un nido para aves. Después echa un vistazo alrededor, «tuvimos que cerrar esto durante unos años porque no había nadie que cogiera el testigo del maestro Martín y de su aprendiz, que también se fue. Ahora hemos vuelto a empezar con otro aprendiz».
Caminamos entre las bodegas de Jiménez, se escucha de fondo la música del bar de la piscina municipal y de pronto Toño dice, ¡abejarucos! Dos pájaros de pecho turquesa se posan sobre un cable de la luz. Toño dice que los fotografía a menudo y comienza a mostrarnos sus fotos, vemos un martín pescador que sacude las alas y deja un rastro azul brillante, la silueta delicada de una garza, un somormujo. Resulta que a este hombre, además de intentar promover el Alfar Museo, ser el alma tras el certamen de teatro amateur Tierra de Comediantes de Jiménez, le preocupa la naturaleza y lleva más de una década fotografiando animales, sobre todo, aves. Coloca su hide -su refugio para camuflase- junto al río o en el monte y espera. Espera durante horas. Es un maestro en el arte de la espera. También es experto en la Zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) Valdería-Jamuz: 10.000 has. entre los ríos Eria y Jamuz, donde se pueden ver especies en peligro de extinción como el sisón, y otras de gran interés como el aguilucho pálido o el aguilucho cenizo.
A Toño también le fascinan los zorros, las nutrias, los corzos. Nos muestra fotos de un magnífico corzo, un macho con una cornamenta espectacular, una silueta elegante, que mira fijamente a la cámara. “Lo fotografié durante semanas. Me miraba y se quedaba inmóvil. Un día un cazador me dijo, ese macho ya no está, lo maté yo”. Se hace un silencio. Atardece, se escucha el rumor de una bandada de estorninos. Toño dice, “me gustaría conocer a más gente de la zona que le interese la fotografía de naturaleza. Todos piensan que soy un poco raro”. Se ríe. Yo le digo, voy a escribirlo y eso es lo que estoy haciendo escribir sobre una persona que trabaja calladamente mostrando la riqueza de la naturaleza que nos rodea. No hace falta irse a la selva tropical para observar vida salvaje. En nuestros pueblos y nuestros campos cercanos, si una sabe mirar, encuentra. Pero hay que educar la mirada. Como hizo Toño. Si hubiera más como él, aprenderíamos a amar nuestros paisajes y, sobre todo, aprenderíamos a valorarlos (@antoniodelafuenteposado).
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