Cristina flantains

Aprender es en realidad un proceso de recordar (anamnesis) lo que el alma ya sabía (Platón)

01/07/2026
 Actualizado a 01/07/2026
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Siempre he sido una fan de la inteligencia y la he buscado y la busco incansablemente por todos los sitios a donde me asomo. Me fascinan los seres que son capaces de combinar el conocimiento y la virtud. Porque partimos de ahí, ¿verdad?, para definir ‘inteligencia’.

Adentrarse en el conocimiento, permítanme la pedantería, es lo más fácil; comprender y aprender acaba siendo una cuestión de paciencia y curiosidad… y tiempo, mucho tiempo.

La virtud es otra cosa, tiene como su vuelta de tuerca. ¿Se acuerdan cuando las estudiamos en el colegio en clase de filosofía? ¿Recuerdan las virtudes cardinales? La prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza. Según aquel entonces, y creo que ahora también, estos son los cuatro ejes morales fundamentales que deben guiar el comportamiento humano sin excusa, pues todos nacemos con ese germen. Pero ocurre con esto lo mismo que con la cordura: si no la trabaja, la pierde. Esa es la vuelta de tuerca.

Se puede ser virtuosa sin tener demasiados conocimientos y se puede saber mucho y estar a cero virtudes.

La inteligencia es la combinación de ambos.

Una erudita tiene a su disposición una cantidad grande de conocimientos. Con tener un buen memorión vale. También tienen que aprender a utilizar alguna herramienta más, como la lógica, para alcanzar razonamientos válidos. La lógica también la puede combinar con otros métodos exportados de la tradición científica para llegar a conclusiones, aunque sea a fuerza de portazos grandiosos… Algunas de esas puertas acaban hechas añicos con el tiempo.

Un erudito que aplica y adquiere el conocimiento con prudencia, justicia, fortaleza y templanza cambia su estatus hacia otra estancia más humana, superior. Es un ser que, además de estar dotado de memoria, ha trabajado sus virtudes. Eso es a lo que la tradición filosófica llama ¡sabio!, y esa sabiduría emana de su inteligencia, que no es otra cosa más que la combinación de su erudición con su sensibilidad, como ya dije.

Cuando a la erudición se le cierra la puerta de la vertiente sapiencial, pasan cosas como aquel tremendo 6 de agosto de 1945 en la ciudad de Hiroshima. La fisión nuclear pasó de ser una fuente inagotable de energía a ser una fuente inagotable de muerte y destrucción.

Y de pronto llega la IA para pararse en nuestra puerta. Montada en su Tesla rosa descapotable, con la música a toda pastilla y masticando chicle ruidosamente. Aún no se ha bajado del coche, así que no sabemos si, además, tendrá unas bonitas piernas.

Ese simulador de capacidades humanas. Inteligencia artificial. Suena aséptico. Suena genial. Pero es más falso que un duro de seis pesetas. Artificial implica que está exento el factor humano y el factor humano es lo único que puede, de momento, añadir el adjetivo calificativo de inteligente por la simple cuestión de la virtud. Puede haber una erudición brutal dotada de una lógica aplastante. Porque es la lógica el pilar fundamental sobre el que se construyen los algoritmos de la supuesta inteligencia artificial, pero la lógica no es una virtud, es una herramienta del conocimiento, no de la inteligencia.

Si sumamos a esto que los bancos de datos que cargan las memorias de conocimiento de la IA están dirigidos por plataformas digitales como Google, Meta y Microsoft, la situación se complica. Los CEO de estas empresas suelen ser multimillonarios, y su riqueza proviene del 74 % de la población mundial que tiene acceso a internet y a las nuevas tecnologías de la información, lo que equivale a 6.000 millones de clientes… la cosa tiene tufillo a negociazo, qué espabilaos. Yo no quiero picar este anzuelo.

No obstante les recomendaría que, si tienen una enciclopedia en casa de las antiguas, en el formato papel y tapa dura, no se deshagan de ella porque, si no nos lleva por delante el cambio climático, algún virus o las emisiones de gases tóxicos de una catástrofe geológica, dentro de unos años, será el único documento que tengan a mano con información contrastada.

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