El calor sofocante de este mes de julio invita a relajarse bajo el sol, rendirse al frescor del agua, contar mariposas tumbados sobre la hierba; sin embargo, la situación política de nuestro país no permite esa deseada desconexión, nos mantiene alerta ante una inestabilidad que no augura nada bueno.
El pasado fin de semana coincidieron actos multitudinarios tanto del PP como del PSOE, cónclaves y comités federales en los que sobraron aplausos borreguiles y faltó pensamiento crítico. No es de extrañar, vivimos en una sociedad que impulsa lo contrario, el pensamiento único, la sumisión frente al mesías. Se castiga la discrepancia, bien lo sabe García Page, único verso suelto en el comité socialista a quien cerraron la boca a tiempo con maneras de gorila.
El pleno debatido este pasado miércoles en el Congreso para luchar contra la corrupción no arrojó grandes novedades. Se creará un organismo que la perseguirá, pero dependerá del Gobierno, es decir, se castigará a quien Sánchez decida.
Muchos están preocupados por ese titular que afirma que Vox quiere deportar a ocho millones de extranjeros. Bien, pueden tranquilizarse porque eso no sucederá nunca, Vox crece, pero nunca gobernará, destierren esa idea de sus cabezas.
Más debería preocuparnos lo publicado en la web de la Moncloa, le inminente reforma judicial que se quiere aprobar lo antes posible, en la que los jueces dejarán de investigar para encargarse la Fiscalía (que ya sabemos todos de quién depende) de no hacer su trabajo, la UCO también pasaría a estar vigilada y el ingreso a la carrera judicial pasaría a ser controlada por sus señorías.
También se pretende imponer una reforma electoral que quite escaños a ciertas provincias en beneficio de otras, ya pueden imaginarse cuáles.
Los socios del PSOE están muy enfadados, tienen sus sospechas. Sánchez está abatido, debilitado, sangra, pero ya saben cómo actúa un animal herido. Herido y acorralado.