Entre los escritores españoles sobre los que voy articulando domingo tras domingo en estas páginas de opinión y que, caso de existir, hubieran cumplido este año 2026 los cien desde su nacimiento, no podía dejar de dedicar unas líneas a Andrés Bosch Villalta. Se trata de un escritor mallorquín que se trasladó en su juventud a Barcelona donde se licenció en Derecho, ejerciendo luego como abogado, emigrante a América Latina y boxeador, hasta 1961, fecha a partir de la cual se dedicó exclusivamente a la literatura. Una parte de la misma la ocupó en traducir. André Breton, Vladimir Nabocov, Virginia Wolf o Henry James, entre otros muchos, fueron autores cuya parte de sus obras fue vertida al español por el escritor que he escogido como protagonista de este artículo.
La vida de Andrés Bosch fue corta pues murió a los 58 años de edad tras sufrir un infarto. Una efímera existencia que empezó en Palma de Mallorca y terminó a las puertas de un fin de semana barcelonés, lo que no fue obstáculo para conseguir importantes premios literarios. Entre ellos destaca el obtenido con “La noche”, novela que obtuvo el premio Planeta de 1959. Luego vinieron el Ciudad de Barcelona, en 1961, por “Homenaje privado”, y el Olimpia, en 1970, por “El mago y la llama”. Otros títulos de su palmarés novelístico fueron: “La revuelta (1963), “La estafa” (1965), “Ritos profanos (1961), “El cazador de piedras (1974) y “El recuerdo de hoy (1982). Como ensayista y en colaboración con Manuel García Viñó publicó “El realismo y la novela actual” (Universidad de Sevilla, 1973).
Sobre la personalidad y labor literaria de Andrés Bosch dedico unas líneas sobre el parecer de su amigo el escritor rumano de ultraderecha Vintila Horia, quien a medidos de los 80 del pasado siglo hizo un amplio resumen de la vida y obra del referido autor mallorquín. Según Vintila Horia (transcrito en el periódico El Alcázar en febrero de 1964), Andrés Bosch y él coincidían en el afán de cambiar algo en el muro “medio podrido” de la novela española de finales de los sesenta, dominada entonces, a su parecer, por los falsos caballeros de la falsa triste figura del realismo social inspirado por el realismo seudo-socialista. Desde su punto de vista, lo más representativo de Andrés Bosch puede concentrase en dos libros: la novela “La revuelta”, solo comparable con lo más hondo y característico de las mejores novelas hispanoamericanas; y los cuentos magistrales de “Ritos profanos”. Siguiendo con el parecer de Vintila Horia, Andrés Bosch formó parte de la liberación de desvincular la técnica del conocimiento de las rastreras intentonas del último seudo-realismo y de sus estertores realistas, socialistas, de retroceso y aniquiladores desde el punto de vista de cualquier epistemología liberadora y tradicional. Para él, Andrés Bosch fue un escritor que formó parte de la liberación y su obra daría para siempre testimonio de lo que se intentó en aquellos últimos años de los sesenta cuando tantas cosas aparecieron en el mundo y se extinguían en España. En definitiva, según su opinión, aquello fue como un celemín prometeico y muchas de sus actualidades nos siguen debiendo la vida.
En opinión de otro escritor, como Manuel Vázquez Montalbán, Bosch tenía un talento deportivo y una educación literaria que no solo aprendió en los libros, sino también en la cantidad literaria que acarrea la vida, pepitas de oro de mayor o menor tamaño. Para él, Bosch perteneció a los escritores vivenciales hispánicos, algo emprendedores entre los neorrealistas y los otros, siendo un gran escritor que casi nunca estuvo de moda.