Imagen Marina Díez

Amistad entre mujeres: cuando dejamos de vernos como rivales

07/03/2026
 Actualizado a 07/03/2026
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«Ten cuidado con las mujeres, son envidiosas». «Entre mujeres siempre hay malicia». «Las mujeres no saben ser amigas». ¿Cuántas veces hemos escuchado esas frases, dichas con la seguridad de quien enuncia una verdad absoluta? El patriarcado no solo ha intentado limitarnos desde fuera, también ha sembrado desconfianza entre nosotras para debilitarnos desde dentro. Nos enseñó a mirarnos como rivales: por un hombre, por un puesto de trabajo, por un reconocimiento, por un ideal de belleza imposible.

Pero cuando rompemos esa trampa y empezamos a reconocernos como aliadas, ocurre algo poderoso. La amistad entre mujeres se convierte en un refugio, en un lugar donde no tenemos que fingir, donde podemos ser vulnerables y fuertes a la vez.

En los pueblos, las mujeres saben mucho de esto. Las vecinas que se cuidaban unas a otras cuando los hombres emigraban, las que compartían faenas, recetas, consejos, secretos. Las que inventaban redes invisibles de apoyo en un mundo que oficialmente las dejaba solas.

Hoy, en un contexto distinto, esas redes siguen siendo necesarias. Frente a un sistema que nos quiere agotadas y divididas, la amistad entre mujeres es resistencia y también alegría. Es saber que no competimos, que si una sube no significa que las demás caigamos, sino que abre camino. Es entender que hay lugar para todas.

El feminismo nos recuerda que no somos enemigas naturales, sino compañeras de viaje. Que la sororidad no es una palabra bonita, sino un modo de vida: escuchar sin juzgar, apoyar sin condiciones, celebrar los logros de las otras como propios.

Dejar de vernos como rivales no solo nos da fuerza colectiva. Nos regala también una de las experiencias más hermosas que existen: la amistad entre mujeres, esa que desafía prejuicios y nos devuelve la certeza de que, juntas, somos invencibles.

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