A lo largo de la vida he conocido a mucha gente a la que quiero y por la que me siento querido. También tengo enemigos y detractores, y me duele, pero así son las cosas. Como cristiano debo a todos ellos la consideración de hermano, y bien sabe Dios que no soy capaz tratarles como tales. En medio de todo he tenido siempre un enorme respeto para la palabra amigo, que reservo para muy pocas personas, no más de media docena, y mi instinto me invita a desconfiar de los que dicen tener más.
Uno de ellos me contó que su abuelo era republicano, maestro en Babia, y que tuvo que huir a comienzos de la Guerra Civil pisando un arroyo para no dejar huellas, y conseguir llegar a Asturias, desde donde pudo exiliarse a Méjico. Allí vivió y murió, y mi amigo fue hace poco a buscar el lugar en el que había sido enterrado. Mientras esto sucedía, uno de mis abuelos estaba preso en Asturias, y los sicarios de Compayns asesinaban a todos los varones de la familia del otro que se encontraban en Barcelona, dejando solo a las mujeres pasando hambre y celebrando misa en la clandestinidad, jugándose la vida. Nunca hemos sabido dónde están los huesos de mis familiares. Esta fue la vida de nuestros abuelos. Los 2.500 asesinados en Paracuellos no pudieron tener hijos ni nietos que nos contasen su historia. La izquierda, en su obsesión por el reparto equitativo, les dio a todos ellos el mismo tiro en la nuca.
Después vino Franco, que evitó que España entrara en la Segunda Mundial, fue reconocido por la ONU, y bajo su mandato España vivió la época de mayor desarrollo económico de su historia. A su muerte, no nombró heredero a un familiar o a un acólito que le perpetuase, como hicieron Castro o Chávez, sino que restauró la monarquía, bajo la cual su régimen permitió la legalización de todos los partidos políticos, incluido el del asesino de Paracuellos, y convocó elecciones constituyentes.
La democracia que el franquismo nos legó ha degenerado hasta tal extremo que el PSOE, incapaz de tener una representación parlamentaria que le permita gobernar sin el apoyo de asesinos batasunos y racistas catalanes, ha decidido atropar votos retrotrayéndose 80 años y resucitando la Guerra Civil.
Otros, que escriben mejor que yo han explicado estos días lo que implica la profanación necrófaga y repugnante del cadáver de Franco. Yo sólo quiero decir que, por más que a Pedro Sánchez le salga a cuenta reavivar el odio, mi amigo, el del abuelo exiliado, y yo el de los ancestros catalanes sin panteón que visitar, vamos a seguir siendo amigos.
Amigos
27/10/2019
Actualizado a
27/10/2019
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