Ayer, el titular de portada de La Voz de Galicia era revelador: "Los jubilados generan un negocio de mil millones". Su antetítulo, a modo de oxímoron, decía: "El mayor problema de Galicia". Añado que el de Castilla y León, Extremadura o Aragón... vamos que el mayor problema de España, que aquí no cuentan las nacionalidades. Los fondos de inversión están al acecho e invirtiendo en residencias de mayores, centros de día, atención domiciliaria o medicamentos. Tiene hasta nombre este fenómeno: economía del envejecimiento. Pues oye, a la vejez viruelas. Habrá que dejar de empeñarse en que nuestros polígonos vacíos se llenen de industrias punteras o que haya más oportunidades para que los jóvenes desarrollen aquí su talento. Si en eso estamos fracasando, y estamos fracasando, dediquémonos a retener a los ancianos el mayor tiempo posible (y aquí nos ayuda la ciencia, que avanza que es una barbaridad) para forrarnos con el envejecimiento. Los jóvenes que se han ido retornarán entonces viejos a la llamada de los orígenes y con su pensión y sus ahorros abonarán este sector que florece con los que se agostan.
Con su pensión y sus ahorros, si es que tienen, y ahí tiembla el castillo de naipes. El actual sistema de pensiones no soporta la despoblación ni los salarios pobres y la mayor parte de los trabajadores desconoce en qué consiste eso de ahorrar, que dicen que es guardar dinero para el futuro. Y sin pensiones ni ahorros adiós a la industria del envejecimiento, no habrá quién pague la fiesta. El PSOE ha recuperado el debate sobre la reforma de las pensiones sobre todo para llevar en algún tema la iniciativa política y salir del bucle catalán. Proponen un nuevo impuesto a la banca del que no se saben las consecuencias, muchos economistas aseguran que se repercutiría en más comisiones para sus clientes lo que penalizaría también la posibilidad de ahorro. La economía es un ser vivo y se adapta para sobrevivir, y ahorrar es el gran enemigo del consumismo. El PP ha contraatacado a través del Gobierno improvisando algo. Así, ha presentado con trompetas que a partir de 2025 se pueda recuperar el dinero de los planes de pensiones cuando se estime oportuno. Se les olvidó decir que, de momento, esa recuperación supone que le crujan a uno a impuestos y pierda una parte significativa de su acopio de hormiguita. Eso quien pudo guardar algo, que un plan de pensión privado es un unicornio para la mayoría de asalariados. Pero no pasa nada, no se asusten. Aún quedan años para que se terminen de vaciar las escuelas, podemos seguir debatiendo sin encontrar soluciones, que es a lo que últimamente se dedica la política. Quizá esta burbuja dure más que aquella otra inmobiliaria. "¿Para qué querré yo la vida cuando no tenga juventud?", se preguntaba Rubén Darío. Para gastar, hombre no sea usted insolidario, para gastar y financiar la nuestra.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.