Amanece en Orbanajo
26/02/2019
Actualizado a
17/09/2019
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La esperanza de poder frenar las agujas del reloj para encontrar otra vertiente desde la que mirarse no se ha rebajado aún al grado de utopía para el pobre mortal que la persigue (menos mal).Si arañas encuentras, tal vez al lado (mal que bien), excavando algo menos que lo que aún requiere la memoria histórica para sacar la cabeza y recuperarse del alzheimer al que le obligan los tiempos revueltos. Y arañando, de repente, aparece un Orbanajo bajo el cielo de Ponferrada, quedándose con su sol, a las puertas de Ozuela y a un paso de Toral de Merayo. Un paraíso en la montaña berciana destinado a desfallecer demográficamente, que intenta revolverse ante ese futurible, como hacen muchos otros de su misma especie, y lo hace en la soledad en la que le dejan unas administraciones que subrayan cada mañana la lucha por fijar población y repoblar el rural. Esos preceptos abanderan los programas electorales, ya en imprenta y, sin embargo, los pueblos que renacen lo hacen asidos solo a sí mismos. Porque saben enseñarse y alguien los ha visto, pero por dentro, enamorándose de su envés y abriendo puertas a esa otra manera de entender, de vivir y de soñar. Proyecto Orbanajo nace de esa creencia en el rural, en escuchar los ecos de lo ‘eco’, en creer en la sostenibilidad sin verla. Y el mensaje, envuelto en papel de teatro, se destapa con fuerza en quien también cree. A sorbos lentos, la pócima hechiza y recupera, no solo al pequeño pueblo, sino a los que quieren convertirlo en ‘lareira’, siempre regalando un calor necesario, del que se siente en los huesos mientras tililan los amaneceres del fuego. Orbanajo se proyecta, desde su rincón de tierra adentro, para firmar un compromiso de desarrollo berciano desde el respeto al medio y para que ese hermanamiento le permita seguir palpitando. Tal vez el proyecto sea, en sí, el fin del camino.
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