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Alto cargo y parco de dinero, majadero

22/06/2025
 Actualizado a 22/06/2025
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Originalmente tildar a una persona de «majadero» referíase a la dedicada a ‘majar’, esto es, a golpear repetidamente con un mazo (martillo o ‘majo’) un objeto, generalmente grano o legumbre. El constante golpeteo era tan molesto e irritante, que derivó hasta alcanzar las actuales connotaciones de uso despectivo. También es acepción de ‘majadero’ el individuo que se comporta de modo insensato y fuera de lugar. Convive en español con un vasto número de sinónimos, tales como: estúpido, idiota, imbécil, bobo, torpe, mastuerzo, babieca, besugo, mentecato, necio, etc., etc.

Con el significado de «mano de mortero» o «mazo de majar», «majadero» aparece en la obra «Vida de Santo Domingo de Silos», de Gonzalo de Berceo; y en «La pícara Justina», atribuida a Fernando de Rojas: «Hemos hurtado la bolsa y algunos de mis vestidos y almohadilla y los majaderos que traía para hacerme punta de palillos». La palabra ‘majadero’, en el sentido actual de «necio», está ya registrada por Miguel de Cervantes poniendo en boca de Don Quijote: «¿Quién te mete a ti en mis cosas y en averiguar si soy discreto o majadero?» En diciembre de 1830, en vísperas de su fallecimiento en Santa María, Simón Bolívar hacía balance de su vida con esta frase: «Los más grandes majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, Don Quijote… y yo». 

Se califica también de «majaderos» a aquellos que son porfiados en sus pensamientos y acciones sin sustentarlas racionalmente. En este sentido se encuadra el refrán: «Hombre refranero, hombre majadero», aplicado para afear a quien abusa de los dichos sentenciosos, porque con ellos busca la explicación a cualquier acto o pensamiento.

Además de desafección y descrédito, ‘majadero’ tiene también acepción sana y positiva como persona perteneciente a la trashumancia, esto es, del pastor encargado de preparar y trasladar el corral de majada o de red.

Actualmente se califica de «majadero», no al idiota u otros despectivos ya señalados, sino a aquel que, por su alto cargo, tiene la potestad de aprovecharse, económica o socialmente, y no lo hace; incluso, no en una dictadura o tiranía, que sería más lógico, sino en el gobierno de una democracia, régimen más libre y decoroso. El expresidente uruguayo recientemente fallecido, José Mújica, es un raro ejemplo de pulcritud política, si lo comparamos con los escándalos de corrupción por acaparamiento ilícito cometidos por políticos españoles desde el comienzo de la democracia. La indecencia de casos de corrupción ha afectado a los gobiernos de Felipe González, Mariano Rajoy y José María Aznar, hasta el de Pedro Sánchez con la presunción de corruptos de barriga gorda y cara dura: Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García, el grabador compulsivo, cuyo extenso número de correos intercambiados y revelados por la UCO levantan ampollas de asco e indignación. 

A juzgar por tantos y graves casos de corruptela en altos cargos políticos, debe ser difícil tener la potestad de dineros públicos y, ‘vade retro’, no aprovecharse de ellos. Que, si no te lucras, pudiéndolo hacer, más que de honrado y honesto, te tilden de papanatas o majadero. Y que la vida, caramba, es un corto período de tiempo entre dos inscripciones en el registro civil. Tal y como es hoy el fervor e imperio de la pela, que no domine en muchas mentes el deseo de apropiación pudiendo meter mano en la alforja pública, lo ve uno más improbable que la Academia Francesa le dé un diploma de honor al ínclito voxero Santiago Abascal por su excelente manejo del francés hablado.

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