20/09/2025
 Actualizado a 20/09/2025
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A todos nos duele Gaza. No es cuestión de siglas ni banderas, es pura humanidad. Basta un mínimo de sentido común para sufrir por los gazatíes, su futuro es oscuro, ya sean víctimas del despiadado Netanyahu, ya  permanezcan bajo el siniestro manto terrorista de Hamás. Ninguna persona en su sano juicio es ajena al dolor de Palestina; sin embargo, por desgracia, no es el único pueblo oprimido de la tierra. 

Pensemos en el caso de Afganistán, la guerra de Ucrania, las dictaduras terribles de Corea del Norte, Cuba, Venezuela, la matanza de cristianos en el Congo, de la que apenas se habla, el asesinato de Charlie Kirk y el de la ucraniana Irina Zarutska en el metro de NY. Si estamos en contra de la violencia, que sea de toda la violencia.

Hay muchas causas por las que luchar, pero sinceramente, no me parece justo hacerlo desde la etapa final de una vuelta ciclista, lo mismo que no entendería que se impidiese celebrar un concierto o se atentase contra una obra de arte en un museo. No soluciona nada y fastidias al artista, que no es el responsable político de su país, no tiene la culpa.

Me parece delirante que nuestro presidente jalease a la izquierda ultra y violenta para provocar una revuelta que impidiese el final de la carrera y pusiese en peligro la integridad de las fuerzas de seguridad y la de muchos civiles. 

Eso no es propio de un primer ministro, como tampoco lo es decir que algunos jueces se dedican a hacer política. 

¿No será que algunos políticos quieren controlar la justicia? ¿No está intentando distraer la atención de los ciudadanos instrumentalizando el dolor de Palestina?

El mundo es un polvorín del que a ratos apetece bajarse; sin embargo, parece que Venezuela pronto será libre y si se acaba con el narcotráfico en el Caribe, Cuba y oros países de América Latina serán la esperanza. Gracias a personas como María Corina Machado, un mundo más justo puede ser posible. Brindo por su alma, su alma llanera.
 

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