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Alguna lección aprendida

25/01/2018
 Actualizado a 07/09/2019
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Estuvo Rajoy en León en su acto de desagravio y aún sigue satisfecho por haberse equivocado. La excursión al León de invierno, con cielo plomizo y recién inaugurada la capitalidad gastronómica, fue para el presidente mucho más que cumplir su palabra, más que zanjar un compromiso tras la metedura de pata. Le sirvió volver donde solo era Mariano, aún imberbe, como siempre sirve regresar a los lugares que forjaron nuestro carácter aunque a veces duela la nostalgia.

Vino Rajoy a León en un Avant de esos que traen y se llevan a los turistas. Con su altura desgarbada, su aire de despiste perpetuo y su gallegismo de retranca. Aprendidos y subrayados los ‘decreta’ que ignoró en The Guardian. Y qué bien le ha venido la lectura. Casi siempre los argumentos y las soluciones están en la Historia, por muy retorcido que se haya puesto el presente. Así, la cuna del parlamentarismo le ha reafirmado en su defensa de la Ley ante el desafío catalán. «El sometimiento de todos al imperio de la Ley es el requisito fundamental de una democracia que merezca tal nombre. En León lo tuvieron claro en siglo XII» declamó el presidente con tono de pasar los temas para la oposición a registrador de la propiedad pero con gesto de sorpresa, de quien acaba de encontrar lo que necesitaba donde nunca hubiera buscado. Antes se paseó por el Instituto Nacional de Ciberseguridad también tomando buena nota de como hacer ciberpolítica, o de cómo evitarla, ahora que Cataluña quiere ser gobernada por un delincuente a través de videoconferencia y celebrar las solemnes reuniones del Gobern en un grupo de WhatsApp.

Esta visita le sirvió mucho más a Mariano Rajoy que a León y eso que la habilidad de Antonio Silván convirtió el agravio en oportunidad logrando colar su ciudad en el monográfico de la actualidad nacional con una campaña de promoción impagable para hablar de otra cosa que no sea gastronomía en el año de la gastronomía leonesa. Pero el presidente venía solo de visita, sin chequera y sin presupuestos. A las reivindicaciones, como la interminable autovía Valladolid – León, respondió con intenciones, que en política es lo mismo que hablar del tiempo. También prometió estudiar los ruegos de Juan Vicente Herrera para la agonía terminal del carbón. O sea, que no prometió nada. El presidente de la Junta de Castilla y León pidió cuidados paliativos para lo que queda del sector impulsando aquel Ciuden que, como el Incibe, idearon los gobiernos de Zapatero. Y ni por ahí entró el presidente, al menos en público, que las cuentas están atoradas en los escaños del Congreso de los Diputados. Quizá fuera significativa su escueta respuesta, «que se aplique un periodo transitorio sin problemas y conciliando muchas cosas», justo a la vez que en el Foro Económico Mundial de Davos el presidente de Iberdrola insistía en cerrar cuanto antes las centrales térmicas de Velilla y de Lada. Exigió Ignacio Sánchez Galán «hacer política energética de verdad y no política con la energía». El problema es que a Rajoy, si quiere conciliar muchas cosas, solo le sirve el zoco de la política.

Se fue tan rejuvenecido Mariano, tan lozano antes de que volviera a llover Gürtel por Valencia, que a la mañana siguiente le dijo a Alsina que se plantea repetir como candidato a presidente del Gobierno. A ver quien le recuerda ahora aquello de la regeneración democrática, aquella otra vieja intención de la limitación de mandatos.
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