José Antonio Diez comienza a ser un alcalde conocido en el territorio español. Sus últimas apariciones en el programa ‘Espejo público’ de Antena 3 y su probada valentía para llamar a las cosas por su nombre, ser reivindicativo con León y decirle las verdades del barquero a su propia organización política, el PSOE, le están otorgando una credibilidad de la que la mayoría de sus compañeros de viaje y probadas desavenencias carecen. Y luego hablan de libertad y progresía los jabonosos pupilos de Pedro Sánchez
Al regidor, a estas alturas, ya no le importa ir a pecho descubierto. Sobre todo, para poner de manifiesto que no tiene nada que ocultar y, a la vez, mostrar los latigazos que la sucursal de su partido en la provincia le viene infringiendo desde que anunció su leonesismo. O quizás antes. Pero él aguanta. Aguanta y sigue haciendo camino al andar (dixit Antonio Machado), con el propósito de que a nadie se le olvide cuál es su posicionamiento.
El maltrato que ha venido sufriendo a manos de los que hoy son empedernidos sanchistas y mañana Dios dirá –ya veremos qué pasa cuando se voltee la tortilla– no tiene nombre, aunque sí calificativos. Y es que si el enemigo está en casa, siempre es muy difícil avanzar con esa espada de Damocles pendiendo de un hilo, si bien Diez no se arruga al ver los filos. Ello, es posible, le haya impulsado a ser más fuerte. Y más rotundo para defender sus postulados.
Los desprecios que ha venido soportando desde su asunción a la alcaldía leonesa, han sido de misa cantada. O de escándalo político. En abril de 2021 acudió a León Pedro Duque, el llamado ministro astronauta, para visitar una serie de instalaciones del Parque Tecnológico y de la Universidad de León. La callada por respuesta. A Diez no se le invitó y ni siquiera Duque se pasó por el Ayuntamiento, como hubiera sido lo razonable y protocolario. Eduardo Morán, por aquella presidente de la Diputación, y Javier Alfonso Cendón, el ‘amo’ de los socialistas leoneses, se comieron la tostada. Al alcalde, a la ciudad, en definitiva, ni agua. Un desprecio sin miramientos.
Más grave aún fue la visita a la capital del enchiquerado Ábalos y su mozo de espadas –que no asesor– Koldo García. Falta de respeto y malos modos. Desdén hacia el representante del municipio. La jornada fue el acabose, incluidas las amenazas que el portero de salas nocturnas –queda más finolis que lo de puticlubs– le dedicó al munícipe mayor. Y nadie dijo pío, ni esta boca es mía. Una cobardía y una deshonestidad por parte de la cúpula anfitriona del puño y la rosa.
Ahora se oyen tambores lejanos y destemplados, que, con su sonido patibulario, pretenden anunciar una presunta expulsión de José Antonio Diez del partido. Democracia en estado puro. O conmigo o contra mí. Y a tragar. Pues no. Y menos con amenazas de por medio. Los socialistas se están equivocando, les falta oxígeno y miras y buscar una cabeza de turco no será, jamás, la solución.