La comarca de La Liébana, en la zona santanderina de los Picos de Europa, tiene para los leoneses un atractivo especial. La causa estará hasta en los genes, ya que, dada la orografía de la comarca, las relaciones naturales de los lebaniegos, a efectos administrativos, comerciales, eclesiales y hasta matrimoniales, se hubieron de establecer durante siglos con tierras, instituciones y personas a este lado de San Glorio. De hecho, gran parte de la zona al suroeste del desfiladero de La Hermida, perteneció a la diócesis de León hasta 1954, en el que se ejecutó lo pedido por el Concordato entre la Santa Sede y el Estado español en el año anterior, en el sentido de ajustar los límites de las diócesis a los de las provincias. León, y Astorga menos, digamos, sufrieron el resultado de esa estipulación. Fue entonces cuando toda la comarca lebaniega pasó a la diócesis de Santander.
La zona, y en concreto su monasterio de Santo Toribio, en el municipio de Camaleño, a dos kilómetros de la capital natural del territorio, Potes, son y serán hasta abril de 2018 un centro de interés de índole religiosa, apuntalado por razones menos ‘espirituales’ que mueve el gobierno de Cantabria. Resulta que estamos en Año Santo Lebaniego, hecho que, desde principios del siglo XVI, en tiempos del papa Julio II, ocurre cuando el día 16 de abril cae en domingo. La causa está en que en ese día se oficia la memoria litúrgica de quien ha dado al monasterio fama universal, santo Toribio, que fue obispo de Astorga en el siglo V y es su patrono. Él fue quien, en el siglo V, se trajo de Jerusalén el ‘Lignum Crucis’ (un trozo de madera de la cruz de Cristo, el más grande, dicen, que se conserva). Los riesgos de la invasión sarracena motivaron que en el siglo VIII los restos del santo obispo y la reliquia de la Cruz se cobijaran en el monasterio lebaniego. Allí unos y otra estuvieron mimados por órdenes religiosas hasta la desamortización de 1837 y lo están desde 1961 por una comunidad de franciscanos. En ese ínterin fueron los ‘curas’ de la diócesis de León quienes tuvieron a su cargo la custodia y el culto en el lugar. Y bien lo hicieron. Las crónicas cuentan que gracias a un familiar de alguno de ellos se conserva la reliquia, amenazada gravísimamente en tiempos que están en la memoria histórica. Por cierto, tres de aquellos curas de la comarca tienen iniciado su proceso de beatificación como mártires de la fe en el siglo XX.
Muchas razones para peregrinar. Por el Jubileo. Que es más que hacer turismo. Que también.
Al otro lado de San Glorio
30/07/2017
Actualizado a
16/09/2019
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