Agustín García Calvo, autor zamorano nacido en La Granja de Moreruela en 1926, inició sus primeros estudios universitarios de Filología Clásica en la Universidad de Salamanca bajo la docencia de Antonio Tovar. Se doctoró en Madrid a los 22 años con una tesis titulada «Prosodia y métrica antiguas». En 1951 ejerció como catedrático de Instituto. Dos años más tarde pasó a ocupar la Cátedra de Lenguas Clásicas en la Universidad de Sevilla y un año después pasó a la Universidad Complutense de Madrid, hasta que la dictadura franquista hizo que la abandonase al secundar la protesta de los estudiantes, junto, en el mismo trance, con Enrique tierno Galván, José Luis López-Aranguren y Santiago Montero Díez. Tras su cese, se desplazó a Francia donde fue profesor de la Universidad de Lille y en el Collège de Francia. En ese tiempo trabajó como traductor para la Editorial Ruedo Ibérico cuyas ediciones estaban prohibidas en la España franquista. En París coordinó una tertulia política en el café La belle d’or, ubicado en el Barrio Latino. A raíz de la muerte de Franco y con llegada de la democracia, García Calvo regresó a España a ocupar su cátedra en la que permaneció hasta1997, fecha de su jubilación. Desde aquel año y hasta su muerte, al contrario de tantos otros, nunca dejó de mantenerse fiel al espíritu rebelde de los años sesenta.
Como filólogo, García Calvo hizo importantes contribuciones a la lingüística general. Su teoría sobre el lenguaje aparece desarrollada en la trilogía formada por: «Del lenguaje», «De la construcción» («Del lenguaje II», «Del aparato» («Del lenguaje III») y en los artículos recopilados en el volumen «Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje», con el que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en 1990. En 2009 publicó su trilogía «Elementos gramaticales» obra concebida como libro de texto y como inicio de los adolescentes en la gramática.
En sus obras e intervenciones, García Calvo trató de dar voz a un sentir anónimo, popular, que rechaza los manejos del Poder. Esencial a esa lucha es la «denuncia y guerra contra la Realidad» (expuesta en la Tertulia Poética del Ateneo de Madrid), una idea que, según reverbera el autor en varias ocasiones, se presenta como reflejo fiel «de lo que hay», cuando de hecho es una construcción abstracta en la que las cosas son reducidas por la fuerza a ideas. Los individuos son sometidos a una doble exigencia contradictoria: cada uno tiene que ser individual y, sin embargo, todos han de ser sumables a una Masa numérica.
Además de otras obras destacadas en el ámbito del pensamiento y también como poeta, García Calvo fue articulista y colaborador periodístico en cuyo cometido se recogen diversos ataques contra aspectos de la sociedad coetánea tales como: «Contra la familia», «Contra la pareja», «Contra la paz», «Contra la democracia». Por encargo del primer presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, García Calvo escribió el «Himno a la Comunidad» por el precio simbólico de una peseta. Curiosa fue su relación con Fernando Sabater que durante la década de los sesenta fue discípulo suyo; sin embargo, más tarde sus posturas divergieron radicalmente.
Entre sus premios, García Calvo obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en 1990, el Premio nacional de Literatura Dramática en 1999 y el Premio Nacional al conjunto de la obra de un traductor en 2000. Y respecto a su obra poética, ha inspirado varias versiones musicales de Amancio Prada y Chicho Sánchez Ferlosio.
Falleció en Zamora el 1 de noviembre de 2012 a los 86 años debido a una insuficiencia cardiaca.