He buscado la vía de escape en la cartera y no localizo más que la nada entre las monedas que van mermando y cambiando de color para marcar el de menor valor. Cada día un poco más de hueco. Cada día un poco menos, lo que queda. Si enciendes la televisión ahí te explican a las claras dónde está la fuga, pero no convence que algo tan global se meta de cabeza en un bolsillo tan pequeño. ¿Cómo sabrán que es aquí donde se suman mis cuartos? No sé si son las cámaras que dicen que nos observan desde ese apéndice de teléfono móvil que nos ha crecido o si nos escuchan por algún método telepático desde un lugar sacrílego en el que viven las calculadoras que siempre restan. El caso es que el sueldo ya no da. Donde gastabas 10 ahora son 17, pero los ingresos son como los recuerdos, que se quedan, los desagradables incluso más. Y en esa tesitura, los bercianos ya no sabemos a qué árbol asirnos. Si a un manzano de la D.O. o a un cerezo de Corullón, por aquello de «a quien a buen árbol se arrima…» Pero no es cuestión de ramas ni de sombras que cobijen. Lo que hay es tan profundo como el convencer. Ese es el poder. No lo son las armas ni la política. Sí el tocar la flauta y que los demás te sigan. Si lo consigues, lo tienes todo. Y el discurso está siendo tan machacón que es imposible no ser Ulises arrastrado por los cantos de sirena. Hay un conflicto y suben los precios. La energía lleva la delantera. En plena combustión mundial, siempre es diana de todo lo que se mueve. Sensible, ella, cada cosa, por pequeña que sea, le afecta y su llanto se convierte en dólares. Y los dólares son la navaja con la que se abre el agujero que no localizamos en la cartera. Joder, cómo duele el corte…y la duda de hasta dónde, cuándo, por qué ahora… Vaya, por el hueco ese no se dejan ver las respuestas. No las hay. Estamos conquistados por la convicción, no por la causa. Nos venden porqués y, una vez que los compramos, somos presa fácil para acrecentar el agujero. Hasta le ponemos voluntad a echar por el sumidero una moneda más. Es el tributo a lo que otros hacen mal. Lo que delata que las causas den igual si el relato convence. Nos rendimos a porcentajes en positivo y cruzamos los dedos en un rezo común: que no siga creciendo la deuda, esa que es de otros, en la que justifican el aumento de nuestra propia pobreza. Será, yo que sé si soy de letras…
El agujero en la cartera
05/05/2026
Actualizado a
05/05/2026
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