Nadie tema este artículo. No voy a despotricar del por sí mismo investido como oncólogo social Nuñez Feijoó, prontamente corregido o traducido por su propio partido (entre otros por el vicesecretario de Hacienda del PP). Es así él, son así ellos y el que quiera ver que vea, aunque como decía mi abuela: «no hay peor ciego que el que no quiere ver».
No, nadie tema este artículo. Tampoco voy a despotricar del clérigo Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española que, en su calentón nada católico o universal, sino español, ¡muy español!, o en su pensado disimulo (money is money, por más que en misa no te vea) confundió Gobierno con Estado e hilando fino podría pensarse o deducirse que atacó también a la inviolable persona del rey, Jefe del Estado, que no de las bandas de ladrones (quedóse corto en el singular, el clérigo) ni, quiero pensar, de las sacerdotales de agresores sexuales y/o paidofílicos.
No, hoy no quiero despotricar de nadie ni nada. Estoy de cumpleaños y, por ello, hoy quiero tan solo celebrar y agradecer una suerte mayúscula que por privilegio tengo, y que no es otra que cumplir once años desde aquel 15 de julio de 2015 en que comencé a colaborar semanalmente con este diario o, mejor y más justo, en que este periódico acogió a este «incurable aprendiz de escribidor» y sus libres opiniones, tan humanas que, sin duda, habrán contenido excesiva pasión algunas, contradicciones otras, mas también libertad y espíritu crítico casi todas. Cómo, entonces, no llamar privilegio a este contar semanalmente con un espacio, dos mil quinientos caracteres que uno, normalmente, alarga en treinta y nueve más, para contarles de sus cavilaciones sobre la realidad desde su propio punto de vista, es decir, no objetivamente por que ni yo soy objeto ni lo son quienes se ven afectados por las diversas realidades de que opina este sujeto que soy en medio del mundo, sus injusticias y sus desmanes y también, de vez en cuando, de sus grandezas, bellezas y bondades. Sí, suerte mayúscula o privilegio es para este ciudadano tener la oportunidad de participar, con sus textos, en el debate público.
Y por permitírmelo, doy las gracias a este periódico. Y, así, en pago de tal generosidad, les dejo descansar, si todo sigue igual, hasta el próximo dieciséis de septiembre. Los años pesan, los yerros más, y descansar de todo preciso se me hace. Quede pues, aquí, mi gratitud a todos cuantos, con gusto o sin él, me hayan leído estos años y a quienes lo han propiciado.
¡Salud!, y recuerden: buenos días hagamos.
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