Entre calor y color solo media una letra. Y a pesar de la crisis que nos atenaza, del dolor y la ausencia, de la incertidumbre que planea sobre nuestras cabezas, agosto será siempre un mes para vivir. Un mes para llenar la mochila-memoria de instantes eternos. No podremos ir muy lejos, pero no solo viajamos con los pies. La imaginación siempre está ahí, es el comodín de la felicidad. Leer, escuchar, ver, tocar, cerrar los ojos y evadirse. El mayor viaje siempre habita en nuestra mente como una posibilidad intransferible. Títulos no nos faltan. Los clásicos a nuestros pies nos miran desde la estantería y en un trayecto hasta la librería nos aguardan los títulos del confinamiento, que tienen derecho a ver la luz. La poesía llega en estos términos: ‘Que llueva siempre’, de Luis Miguel Rabanal, ‘Enumeración’ de Carmen Busmayor o ‘Vena amoris’ de Rafael Saravia. La novela se vuelve ‘culpa’ de la mano de Beatriz Berrocal, el cuento es para ‘Anna y las estrellas’, cuántos caminos sin ir demasiado lejos al buscarlos.
Un buen libro, una cerveza, un «me tiro al agua». Un recorrido interior por el mar y la montaña. La luna. Las terrazas. Las Perseidas. Pidamos un deseo. Seas siempre bienvenida, claridad.
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