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La ‘agenda’ que no cesa

27/03/2026
 Actualizado a 27/03/2026
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No sé si es que en los últimos años pasan tantas cosas y tan atropelladamente o es que precisamente por ello no nos dan más noticias y avisos (que ya son bastantes), pero es raro que no se haya comentado o al menos insinuado, el siguiente escalón en esto de la agenda 2030 y que llega al 2050, porque, la verdad es que, salvo un artículo de comentario en El Economista hace unos días, no he encontrado ninguna otra referencia.

En todo este proceso de descarbonización y mejora energética, en el que, por cierto, me temo que los europeos estamos más solos que la una, y no sé si estamos haciendo el imbécil, o es que somos los únicos que nos damos cuenta de lo que está pasando (aunque, como sigamos así, solos, tampoco va a servir de nada).

Ya hemos dejado atrás el carbón para esto de la calefacción, estamos en el camino de hacer lo propio con el gasóleo, el gas y las nucleares, además de poner en marcha la individualización del consumo vía contadores o repartidores calorías, según el caso.

Desde hace no mucho se ha establecido la obligatoriedad de tener el certificado energético de cada vivienda para el caso de que se quiera vender o alquilar, se supone que para que nadie se pueda llamar a engaño de lo que compra o alquila, cuando le llegue la factura mensual de calefacción. En ese documento sabes cómo está clasificada tu vivienda en una escala de ‘A’ a ‘G’, tal cual se aplica a los electrodomésticos que tenemos en nuestro domicilio.

Por dar una idea de los números en los que, por vivienda, nos movemos, en la categoría ‘A’ el consumo es menor de 55 kw/m2 y año, mientras que la ‘G’ (la peor) es de más de 275 kw/m2 , como se ve, cinco veces más. Y en lo que se refiere a emisión de CO2 la diferencia es aún mayor: 7 veces más.

Todo lo anterior nace de la Directiva Europea publicada en 2010, y ha sido recogido y ampliado en una nueva Directiva de 2024, que, he aquí la novedad no muy difundida, básicamente fija el año 2050 como fecha para llegar al edificio de CERO emisiones y, por supuesto, con una demanda de energía muy baja.

Para ello se implementan acciones como dejar de dar ayudas a cualquier instalación que utilice calderas de combustible fósil (ya hoy en vigor) o que, a más tardar en 2030, cualquier edificio nuevo sea de CERO emisiones, aunque la más importante es obligar a que todos los edificios, TODOS, tengan, para 2050, una clasificación ‘G’ o superior, lo que significa que cualquier edificio construido anteriormente a 1980 y bastantes de los posteriores, tienen que ser reformados radicalmente.

Por referirnos exclusivamente a los primeros (anteriores a 1980, lo que en España es hablar del grueso de los edificios, o sea millones de viviendas), los cerramientos exteriores eran habitualmente de dos paredes de ladrillo con cámara vacía y carpintería con vidrio sencillo, lo que supone, para cumplir los prescrito, cambiar toda la carpintería y aislar toda la fachada, cosa no precisamente barata. 

Sustituir la carpintería supone, además de las propias hojas de las ventanas, el marco y vidrio, luego recercar y, por supuesto, volver a pintar, como poco, el paño en que está el hueco.

En cuanto a lo que es el cerramiento ciego, las paredes, inyectar las cámaras con el poliuretano que actualmente se usa es bastante complicado, por no decir imposible, así que queda como solución forrarlo por dentro o por fuera. Por el interior los usuarios no están especialmente dispuestos, ya que eso significa perder espacio (aunque sea poco) y una obra considerable, pues luego hay que rehacer suelos y paredes. Y si lo que se hace es forrar el exterior, vayámonos acostumbrando a que las ciudades que conocemos cambiarán absolutamente de aspecto, pues nos cargaremos todas la fachadas, sus edificios de siempre, los que han dado la imagen que tenemos, los de siempre, o simplemente «de la ciudad», de lo que ya tenemos un ejemplo en el centro, al ladito del Emperador, que ahora estará bien aislado, pero de aquella casa con su personalidad… nada queda. Así que, en cumplimiento de normas, vayámonos acostumbrando a que pongamos a todos los edificios unos abriguitos… y posiblemente, salvo milagro, cambiado la ciudad a algo que se presume, como poco, un tanto monótono y seguro, desde luego, diferente.

Por supuesto, para ello se darán ayudas y créditos, cómo no, pero también, y «para animar a los ciudadanos», aquél edificio que no mejore su aislamiento hasta un nivel superior a la categoría ‘E’, será sacado del mercado y no podrá ni venderse ni alquilarse (eso es lo que está previsto). Algo muy parecido a pegarse un tiro en el pie, dada la actual escasez millonaria de viviendas que difícilmente va a ser cubierta.

Lo que llama la atención, en cualquier caso, es la poca difusión de las futuras condiciones que esta normativa, ya publicada como directiva por Europa, nos va a imponer. En todo caso, aquí aún no se ha procedido a la obligada redacción del decreto que lo ponga en marcha, no se si por desidia o por precaución, porque la realidad es que la medida tiene muchísimas aristas.

Pero así son las cosas en este asunto, muy loable sí, pero mientras, el resto del mundo, la grandísima mayoría, ni se lo plantea. Por ejemplo: China, India, Pakistán, Rusia y EE UU suponen diez veces la población de Europa, así que nuestro esfuerzo ¿servirá para algo?

27 03 2026 Álvarez Guerra
27 03 2026 Álvarez Guerra

 

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