Imagen Juan María García Campal

Aflicciones electorales

29/06/2016
 Actualizado a 17/09/2019
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Como uno más del 67% de votantes que no lo ha hecho por el PP en estas elecciones, me sentí profundamente decepcionado por los resultados de las mismas. Pero, ¿qué es la decepción? Enseña el diccionario que es el «conocimiento de la verdad con que se sale del engaño o error en que se estaba». ¿Y cuál ha sido el error o engaño en que estaba? Sin duda un error de percepción de la realidad. No me refiero a mí personal percepción de la realidad económica –¡y la que vendrá!–, social, moral, mejor, inmoral o corrupta que circunda y afecta, entre otros, al PP, que es la que es y causas cantan; me refiero a la ensoñación o suposición de que mi percepción era compartida por un mayor número de personas ejercientes de su derecho a voto, por una mayor parte de ciudadanos, para mí, responsables. Craso error: la muestra que refleja mi habitual entorno no representa, obviamente, la realidad social de la ciudadanía votante.

Conste: digo ciudadanos responsables, porque en esto de los derechos y deberes de todo tipo, miren por donde, soy un poco apocalíptico y siempre pienso, tanto para los unos como para los otros, lo mismo: «conozco tus obras. No eres frío ni caliente… Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca» (Ap. 3:15-16). En cualquier ámbito me causa tanta desconfianza quien no cumple sus deberes, como quien no ejerce sus derechos. Si cumplir el deber es contrato de hoy, ejercer los derechos es deber y gratitud histórica para con quienes conquistaron su reconocimiento. El que los tenga por otorgados, téngase por súbdito, mas no por ciudadano.

Así, ahora, escuchadas las diversas transferencias de responsabilidad –¡Freud, Freud, por qué nos has abandonado!– que los menos votados han efectuado; oídos los triunfalismos y patrioterismos de unos y los improperios y descalificaciones de otros –todos apropiándose de toda razón y condenando con base en ella a quien por su camino no fue o va– y mientras espero alguna autocrítica por parte de las formaciones de izquierda –menos mesianismo y más y mayor corrección del objetivo dialéctico y electoral–, sí vengo a coincidir con Ciudadanos en la urgente necesidad de proceder a la corrección de la ley electoral, pues no parece muy ajustado que, por ejemplo, en Segovia salga un diputado con 18.952 votos y en León con 73.107. ¿No somos todos iguales ante la ley? ¿Es una persona un voto o un voto depende a quién y en dónde? ¿Y cuándo las listas abiertas? Personas quiero elegir, no aparatos. Comienza a oler a democracia orgánica.

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