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Abril no miente nunca

27/04/2026
 Actualizado a 27/04/2026
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Escribe Manuel Vilas en su magnífica novela ‘Islandia’, en la que cuenta la separación de un pareja cuando ella le dice: «He dejado de quererte», que «hay cosas que no mienten: el mar, la nieve y la música». Y el cronista se permite discrepar, pues el mar le ha fallado, la nieve también, y la música depende porque escuchar ahora a Rosalía es más un tormento y una mentira que una verdad, se oiga como se oiga.

He dejado de quererte. Ojalá fuera así como se despidiera de nosotros la misma vida, cuando llegue ese final de rostro impenetrable que a todos nos ha de llegar un día. anunciándonos la mala nueva. Porque eso supone reconocer que alguna vez nos quiso, y que ese fue el motivo de nuestra unión y la causa de haber compartido tiempo y sentimientos.

Quien no miente nunca es abril. Abril es como el Evangelio, que tiene respuestas para todo y consuelos para todos los males de este vida. En abril, el que no se consuela es por que no quiere. No tienes más que entrar en abril y dejarse llevar por fiestas y celebraciones, y vestirse de corto o de largo, pero dispuesto a comerte el mundo y no escuchar a ese mastuerzo americano de Trump, amenazando con ponernos aranceles hasta por respirar n acabar con una buena parte del mundo.

En abril, a no ser que se levante uno adormilado, tras una alargada siesta, y se crea los discursos de nuestro Pedro Sánchez, tiznados de propaganda y progresismo, y espabilarse un poco erigiéndose en guía de una Europa a la deriva; en cuyo caso sería menester alcanzar enseguida la jarra de cerveza y espabilarse un poco. Que abril no es para dormirse en los laureles sino para, sacando fuerzas de flaqueza, enfrentarse a la verdad de las verdades, la que le llevaba al otro a proclamar que: el fracaso está en el camino del éxito.

En abril aguas mil. Fiestas y celebraciones que no falten. Abril es el único capaz de soportar que la vida te venga de pronto amenazando: he dejado de quererte.

Pues, si has dejado de quererme, ya me querré yo mismo. Que para eso estan los campos abiertos y los cerezos floridos, y las mañanas se abren como promesas de verdad que ninguno de estos botarates que nos gobiernan van a ser capaces de impedir que nos restreguemos por los ojos. Y menos los poetas que, como nuestro Mestre han sido capaces de montar en un ‘ciprés descapotable’ para cruzar este abril capaz de decir muy alto: Trump: he dicho que te calles.

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