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Abriendo puertas

18/04/2026
 Actualizado a 18/04/2026
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Aún resuenan los ecos de la velada celebrada el pasado martes en la Sede de la Editorial Péndula donde presentamos el libro ‘Las puertas de Tánger’, un proyecto impulsado por mi amiga, la profesora Marifé de la Torre, a quien tuve la suerte de conocer a través de Rocío Rodríguez, también amiga, divulgadora científica y colaboradora en esta casa.
De nuestra relación surgió un viaje inolvidable, que nos llevó a adentrarnos en algunos secretos tangerinos, que adivinamos cobijados más allá de fotografías de algunas puertas de la ciudad que Marifé nos propuso: «Escoge la que más te guste y escribe lo que te sugiera».

Lo sugerido y sugerente. Ahí comienza todo siempre. Lo que desprende un recuerdo, una imagen, un acontecimiento que interpela, que enreda, a veces de manera sutil, pero insistente como el chirrido de una puerta mal cerrada. O que golpea, como el portazo inadmisible de la injusticia que recrimina.

Y a veces ni siquiera hay puerta que cerrar, simplemente porque se cerraron todas y las manos no tienen picaporte al que aferrarse. Y los pies, enfangados en el de la pobreza, apenas recuerdan el umbral de su hogar porque nunca tuvieron uno tan propio como aquel del que escuchan hablar a sus compañeros de colegio. O lo tuvieron… pero casi lo han olvidado.

Miro al niño venezolano que hunde su cabeza entre las manos, sentado sobre su pupitre. Ahora es refugiado, vive en ‘La Fontana’. Si hubiera llegado hace algunos meses y hubiera podido asentarse, algún miembro de su familia formaría parte de esa larga cola que estos días aumenta el número de visitantes forzoso de la Calle Ordoño II, sede del Ayuntamiento de León. Los funcionarios resoplan ante este aumento inusual de carga de trabajo: regularización extraordinaria de migrantes. Doscientas personas cada día, que además deben acreditar carecer de antecedentes penales y no suponer una amenaza para el orden público.

Un orden para abrir las puertas de par en par, aunque esta tierra padece una pobreza estructural que afecta a más de 80.000 leoneses que de manera silenciosa sufren las consecuencias del incremento de la vivienda, los salarios insuficientes y el encarecimiento de la vida. 

Ahora cabría hablar de políticas activas que combatieran la miseria, pero es preferible apelar a los goznes de la solidaridad. Quizá la clave sea entornar la propia puerta antes de esperar a que los políticos hagan el trabajo. 

Hace un año conocí a un muchacho que vino de Tánger: Mohamed. Con su tímido español, al que ayudé en sus inicios, cursó estudios de FP básica. Tapicería y cortinaje. Ahora se encuentra haciendo sus prácticas de empresa. Pronto encontrará trabajo. Ojalá en León. Quizá algún día me abra las puertas de su casa, y podamos disfrutar de una deliciosa velada, mientras nos deleitamos en los recuerdos de esa bella ciudad africana a la que un día nos llevó la hospitalidad de Mari Fe.

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