Imagen Juan María García Campal

Abatamos los velos

14/01/2026
 Actualizado a 14/01/2026
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Que los tiempos cambian y con ellos nuestros usos y costumbres es obvio. Quién no conoce a unos contemporáneos Publio Petronio, árbitro de la elegancia, o Livia Drusila, «imagen pública de la idealización femenina romana», hoy entregados al chándal y las playeras (en fino y moderno, deportivas) como si tal cosa. Lo que me da igual mientras no empujen o sea de obligado cumplimiento revestirse de tal guisa.

Sí, mudamos usos y costumbres, pero, de alguna manera, seguimos aferrados a alguna de las varias fes y dogmas que en el mundo son. Y no solo en, y de, deidades, sino, lo que aún es peor, en, y de, humanos, ¡demasiado humanos!, predicamentos. De forma tal que, cual fuesen incorpóreos niqabs o burkas (no olvidar la simbología del uso de la mantilla o velo católico), nos coartan el juicio de cualquier asunto, sino que, poco a poco, acto de fe a acto de fe nos va carcomiendo inadvertidamente nuestro espíritu crítico, de modo tal, que no siempre detectamos las crecientes dosis de la llamada infoxicación y nos vemos infectos por la creciente epidemia de manipulación del lenguaje. Y así, casi sin percatarnos, a veces, renunciando a la corrección del termino leído, escuchado e incluso repetido, nos encontramos diciendo «intervención y detención» en vez de «invasión, asesinato de ¿55, 69, 100? y secuestro». Qué duda cabe que vivimos en un mundo retorcido en el que, día a día, en cualquier lugar, se pisotean derechos (internacional, humanos) y libertades. En unos por predicamentos humanos, en otros por presuntos predicamentos divinos. En cualquier caso, endiosados algunos hombres, endiosados los intérpretes de las deidades (ellas son inocentes, no existen), y como bien escribió Saramago, inoculado «el factor Dios», «ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas,... el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia», vemos cómo cada vez con más fe y menos espíritu crítico regresamos, contentos o airados, hacia el primitivo árbol de la sinrazón.

Así, no sólo hemos de desear libertades en Irán, Afganistán, etc., el definitivo abandono de los niqabs o burkas por sus mujeres, sino que hemos de abatir los que portamos en nuestra mente, en nuestro pre-pensamiento y nos ofuscan, si no ciegan. Escrito lo dejó Francis Bacon: «Quien no quiere pensar es un fanático;... quien no osa pensar es un cobarde». Pensar, pensar sin velos. Pensar con espíritu y pensamiento críticos. 

¡Salud!, y buena semana hagamos.
 

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